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jueves, 31 de octubre de 2013

Il lungo viaggio - Andrej Khrzhanovskij (1997)

DenisM79

TITULO ORIGINAL Долгое путешествие (Il lungo viaggio)
AÑO 1997
IDIOMA Italiano
SUBTITULOS Francés (Incorporados)
AÑO 1997
DIRECCION Andrej Khrzhanovskij
GENERO Animación

SINOPSIS Es un film de animación hecho en base a los dibujos con los que Federico Fellini bocetaba los personajes que luego animarían sus films, narrado por Tonino Guerra (el guionista de los grandes films de Fellini). Él mismo aparece dibujado por Fellini. Y lo que cuenta es un sueño que tuvo. Fue hecho en Moscú por la Slovo Mosfilm bajo la dirección de Andrei Khrjzhanovsky. En 2006 recibió un auspicio de la Presidencia de la República Italiana, que lo erigió en la mejor obra de arte del Festival del Palazzo di Venezia.

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Di disegni simili il regista ne faceva a centinaia, e non soltanto per prendere in giro gli attori in erba. Quella del disegno era per Fellini una mania quasi compulsiva.
Fellini aveva cominciato a disegnare all'età di quindici anni e non aveva mai smesso. Nei suoi schizzi si mischiavano i temi dell'erotismo, della fanciullezza, della meraviglia. Gli stessi temi che sarebbero approdati nei film. Da ragazzo non immaginava nemmeno che avrebbe fatto il cineasta, era invece convinto che avrebbe fatto il pittore. Una volta raggiunto il successo con il cinema, considerava il più grande complimento essere definito un regista pittorico. E forse ignorava che Gore Vidal, lo scrittore americano esperto anche di cinema, lo considerava un eccezionale "artista-pittore", arrivando al punto di definire la sua cinematografia una "straordinaria pinacoteca".
Un cortometraggio "particolare": i disegni di Fellini animati dal regista russo A. Khrzhanovskij.
Accanto a capolavori come Amarcord (1973), La Strada (1954), Lo Sceicco Bianco (1952), e ovviamente La Dolce Vita (1960), è stato proiettato, su concessione della Fondazione Federico Fellini di Rimini, anche un interessante e poco noto cortometraggio, Il Lungo Viaggio (1997), diretto dal regista russo Andrej Khrzhanovskij.
Questi, attraverso la sceneggiatura del poeta e scrittore Tonino Guerra, ha dato vita alle centinaia di schizzi e bozzetti che Fellini era solito disegnare come preparazione per un film.
Citando le parole dello stesso Fellini: "all'inizio di un film ho bisogno di disegnare, è un modo per cominciare a guardare il film in faccia, per vedere che tipo è un espediente per trattenere il film, o meglio ancora per intrattenerlo".
L' Erotismo Caricaturale delle immagini oniriche di Federico.
Il risultato è un cartone animato nel quale trovano spazio quelle "anatomie femminili ipersessuate ossessive", come egli stesso le chiamava. In questi disegni dal tratto veloce e dal colore essenziale ma accuratissimo, la trasgressione erotica sfiora l'oscenità e la pornografia.
Il linguaggio appare allusivo e poetico allo stesso tempo, e l'eccessività delle immagini viene abilmente alleggerita dalla musica di sottofondo, che fonde la sinuosità del jazz alle note classiche di grandi maestri come J.S.Bach o P.I.Tchaikovsky.
Le figure oniriche provengono direttamente da quell'inconscio nel quale Fellini diceva di avventurarsi meravigliosamente, e dal quale tirava fuori i soggetti dei suoi film.
Protagonista assoluto degli schizzi è la donna procace, abnorme, che nel suo essere prorompente fa sì che l'uomo venga raffigurato esclusivamente dal suo "membro".
http://www.winefashioneurope.com/wine-fashion-tv/


FEDERICO FELLINI (20/01/1920-31/10/1993)
In memoriam

por Amarcord
Hablar de Federico Fellini, este ser deslumbrante del siglo XX, nacido un 20 de enero de 1920 en Rimini (Italia), es sin duda hablar de uno de los pocos artistas que nunca sucumbieron ante la maquinaria industrial del cine.
De nada sirvieron las imposiciones de los productores, aquellos que invierten su dinero buscando una rentabilidad. El arte no posee como fin primordial el devengar utilidades. El artista es un ser comprometido con el mundo y es por medio de la obra artística, en este caso el film, que se comunica con sus semejantes. Podrán reprochársele a Fellini muchas cosas, pero nunca el haber hecho algo ajeno a su manera de sentir. Entre su vida y su obra hay una compenetración total, una simbiosis perfecta.

Soy un tipo que anda por la vida con unas pocas ideas, unas cuantas imágenes y los ojos abiertos. Las grandes palabras (el Arte, el compromiso) me dan un poco de risa, me parecen inventos de la gente que le tiene miedo a la vida en su desorden maravilloso y primordial. Yo no tengo miedo al desorden, al caos: en “Ocho y Medio”, cuando todo el mundo exige al director que de una vez por todas explique lo que va a hacer con las grandes escenografías que ha montado, él se esconde debajo de la mesa y deja a todo el mundo gritando y discutiendo. Ese es su espectáculo. Ese es mi espectáculo.
No soy un autor de tipo “terapéutico”; en mis películas no sugiero soluciones, métodos, no propongo ideologías, me limito a ser testigo de lo que me sucede, a interpretar y expresar la realidad que me rodea. Si a través de mis películas, es decir, reconociéndose en ellas, los espectadores alcanzan una plena conciencia de sí mismos, se supone que se ha realizado esa condición de lúcida separación de sí mismos que es esencial para poder seguir haciendo nuevas elecciones, realizar modificaciones y transformaciones.

Cada film de Fellini nace, vive y forma al otro. Su obra es una autobiografía y, a la vez, el hacer cada película es un fundamental episodio de su vida. Cada película constituye su vivir presente, tanto como el recuerdo de lo vivido. No en su anécdota inmediata, limitada y concreta, sino en la totalidad de los mundos que crea (que ha vivido), y esencialmente en ese anhelo de Fellini de hacer saltar la fantasía sobre todas las realidades.
Fellini es un poeta, un visionario que invierte el enigma de los espejos, imprime los signos de su mitología interior a toda su obra, mitología cuya esencia resulta compleja y en la que pueden verse, mezclados en el autor, la infancia siempre presente, la fidelidad a un folklore inherente a Italia y el reencuentro con ciertas tradiciones esotéricas. Parecería que en este arsenal se entremezclaran la magia, el conocimiento y la herencia.

Soy un fabricante de sueños y cuando uno fabrica sueños, en parte es como si soñara. Si uno se pone a pensar demasiado, si uno se pone a querer entenderlo todo, se despierta y el sueño terminó. Tengo que seguir algunas imágenes, tengo que dejarlas crecer con cierta libertad.
Nunca hago juicios morales, no estoy capacitado para ellos; no soy censor, ni cura, ni político. No me gusta analizarme; no soy orador, ni filósofo, ni teórico. Solo soy un narrador y el cine es mi oficio.
Me he inventado todo para luego poder contarlo: una infancia, una personalidad, nostalgias, sueños, recuerdos… 

La realidad es su vida de niño en la capital de provincia, donde su padre es comerciante. Allí se recuerda a sí mismo como un pequeño histrión, siempre dispuesto a llamar la atención, de cualquier modo. Luego el colegio de religiosos: un recuerdo de soledad, dureza y tristeza. Los domingos invernales le llevan a una playa, desierta y fría, que luego será un tema predilecto de sus films. En la plaza del pueblo hay un circo modesto, se hace amigo del clown, que cuida lloroso su animal enfermo, y se va con ellos. Al día siguiente le vuelven al colegio, pero ha sentido por primera vez el maravilloso hábito de la libertad y la atracción del vagabundaje. No lo olvidará nunca.

El cine se parece mucho al circo. Es posible que si el cine no hubiese existido, si no hubiera conocido a Rossellini y si el circo continuase siendo un espectáculo de cierta actualidad, me hubiera gustado mucho ser director de un gran circo, pues es exactamente una mezcla de técnica, precisión e improvisación. Al mismo tiempo que se desarrolla el espectáculo preparado y ensayado, se arriesga verdaderamente algo, es decir, se vive a la vez.

Sus años de adolescencia y juventud, en Rimini, son los de un hijo de papá, ocioso y mala cabeza, un inútil sumido en la indolencia, de la que no quiere desprenderse. Pero, rompe el cerco y se va a la conquista de su vida.
Hace de todo. En Florencia, caricaturas por los cafés: un poco menos que artista y un poco más que mendigo. Dibuja historietas. Es redactor, en Roma, de “Il Popolo” y luego trabaja en “Marco Aurelio” como diseñador y autor de chistes y caricaturas. Así perfecciona su sentido cómico, que le llevará al cine, en 1939, como “gagman” autor de trucos bufos, para films de Macario.

Nada es más triste que la risa, nada más hermoso, magnífico, estimulante, y enriquecedor que el terror de la desesperación profunda. Creo que cada hombre, mientras vive, es prisionero de este miedo terrible, en el cual toda prosperidad está condenada a fracasar, pero que guarda, incluso en su abismo más profundo, esa libertad esperanzadora que le permite sonreír en situaciones aparentemente desesperadas. Por eso la intención de los auténticos escritores de comedia, es decir, los más profundos y honestos, no es de ningún modo divertirnos únicamente, sino abrir desgarradoramente nuestras cicatrices más dolorosas para que las sintamos con más fuerza.

La guerra mundial viene a complicar más esta vida azarosa y pintoresca, dura y muchas veces mísera. En un restaurante, donde no tiene para pagar, le saca del apuro un cómico: Aldo Fabrizi. Se hacen amigos y le lleva en su compañía. Escribe sketches, letras de canciones, pinta decorados y es actor cuando alguno desaparece. Durante más de un año hace giras por las ciudades y pueblos, en plena guerra, llenas de incidentes y escaseces. Es aquí donde Fellini encuentra el sentido para su vida y su obra. Entre estos cómicos, bohemios y pobres, abocados a las peores realidades, pero siempre de frente a todas las ilusiones y esperanzas más infundadas.
Escribe guiones para la radio y en el curso de su trabajo conoce a Giuletta Masina, con quien se casa en 1943.

Giulietta es algo más que una actriz, pero esto es un hecho tan íntimo, tan esotérico que siempre que hablo de el me veo en dificultades. Giulietta fue realmente una especie de hada que me hizo pasar cierto umbral, me hizo cruzar cierta reja y me hizo penetrar en un paisaje, en un territorio que todavía no he descrito por completo pero que espero poder traducir en imágenes, si la fantasía me dirige a él nuevamente.

El final de la guerra es el caos que nos han pintado, tan verídico y sinceramente, las películas neorrealistas. Los maleantes, los limpiabotas, los vagos, los sin trabajo, los fugitivos pululan por todas partes, dispuestos a vivir de cualquier modo. Cogen a un a americano borracho y lo venden entero. Los americanos son el negocio para todos. Fellini, con otros abre un establecimiento extraño que consiste en hacer la caricatura de los soldados norteamericanos de ocupación, redactarles un texto y grabarlo en un pequeño disco, para que enviasen todo ellos a sus familias. Allí va a buscarlo Roberto Rossellini para que le escriba el argumento de una película corta, sobre un sacerdote fusilado por los alemanes. Este primer embrión de film corto acabará por convertirse en “Roma, ciudad abierta”, la película que hará triunfar el neorrealismo en el mundo entero.
Es aquí donde Fellini tiene la revelación del cine, como arte y como profesión. El cine viene a realizar en aquel hombre perdido en la vida, en aquel pequeño artista sin rumbo, cercano a la indigencia, la revelación que de niño tuvo frente a Charlot.

Un día noté que era director. Creo que no puedo recordar el momento exacto. Fue el primer día de rodaje de “El jeque blanco”. Es una historia auténtica, pero cada vez que la cuento, todo el mundo me mira como si estuviera inventando algo.
Siempre he pensado que el cine es un medio de expresión, un idioma del todo original que no está sujeto a ninguna de las demás formas del arte. Una película no se puede describir con palabras. Si hablo de ella, surge algo parecido a una materialización que no tiene nada que ver con la película. Si nace una película sobre imágenes verbales, para el futuro espectador nacerá preconcebida, extraña a sí misma. Por otro lado ni siquiera yo sé si se parece a la que quería hacer. Ya lo he ocultado dentro de mí, la he hecho clandestina.
Una criatura cambiante, mutante. Cuando aparece por primera vez es una nebulosa vaga e indefinida. El contacto con ella tiene lugar en la imaginación: es un contacto nocturno. Puede ser y es amistoso. En ese instante la película posee todo requisito, parece que es todo, y sin embargo no es nada. Es una visión, un sentimiento: en su pureza lo que fascina.

Ha comenzado la obra de uno de los realizadores más importantes del cine mundial de cualquier tiempo. También de los más admirados, de los más discutidos, de los de mayores y más resonantes éxitos. Esta obra es, a su vez, la continuación de su aventurera existencia, y le ofrece la temática de sus películas siguientes. Ya triunfador en el cine, conoce la “alta sociedad”, los ricos y poderosos, y el mundo fabuloso del cine mismo: será “La Dolce Vita”, “Ocho y medio”, “Giulietta de los espíritus”, estos últimos en lo lindero de lo fantástico.
Ante todo trabaja por gusto, por realizar una acción en la vida, y ese espíritu de “vitellone”, que guarda en sí, le impide ser corrompido por las ofertas económicamente tentadoras que le asaltan cuando ha tenido el gran éxito. Fellini es uno de los directores más premiados pero, a pesar de ello, es siempre un incomprendido, y sus proyectos encuentran grandes dificultades para ser realizados. Tiene que cambiar de productores constantemente.
Siempre, las profecías sobre sus películas han sido desastrosas, con una falta de visión, en casi todos, verdaderamente asombrosos. Al final de cada una de estas luchas, “agotado y acribillado de deudas”, acepta cualquier condición económica, pero nunca una transacción artística. Fellini es, ante todo, un gran artista creador, que necesita decir algo concreto e ineludible a la gente y a sí mismo.

El productor cinematográfico, uno de los personajes más típicos del capitalismo moderno, aliena la vida de sus subalternos. Nuestra profesión (cuando no conservamos con total claridad la idea de “frontera hostil” entre nosotros y el hombre que se encuentra detrás de su enorme escritorio) es la de “vidas vendidas”. Los productores no solo deciden el sentido de la producción, sino también el sentido de la mentalidad y el vestuario, e incluso la atmósfera psíquica de las masas que, por lo menos una vez por semana, son víctimas de las imágenes que las pantallas despliegan ante sus ojos. Quisiera decir que el cine (en el plano comercial y únicamente desde este punto de vista) es una venta de cocaína bien organizada (por el dinero que reporta), pero injustamente autorizada. Los productores son los autores de las reacciones antiartísticas.

Sobre Fellini y su obra han caído verdaderas cataratas de literatura, casi siempre polémica, casi siempre estéril y sin sentido. Porque se adoptan posiciones ideológicas estrictas por ambos lados, que tratan de cuadricular la vida. Y Fellini lo que siente, piensa y recoge en sus películas es la vida tal cual es, o él cree que es. Incluso con ese átomo de esperanza imposible y a la vez imperecedera que lleva a los hombres adelante, a través de todo y contra todo, hasta la muerte. Ha dicho a sus contradictores: “Lo que nos separa, sin duda es una visión materialista o espiritualista del mundo”. Por eso, la obra de Fellini está llena de contradicciones y resulta inaprensible. Es, a la vez, atractiva, con una indefinible fascinación, y decepcionante, con un toque de mistificación. Fellini quiere recoger la realidad, con su imaginación y su esperanza dentro, que la hacen atractiva y engañosa. Eso es todo, y lo demás yace en lo hipotético, para unos y otros.
La realidad de la vida, por cerrada y hosca que sea, es infinita, esta más allá de nuestras ideas, nuestros sistemas y nuestros esquemas. Sobre todos los hechos concretos hay siempre una solución, por ilusoria que sea: la solución poética. Que es la solución de Fellini. Transformar la realidad en ilusión, para que la ilusión sea realidad, quizás, algún día…

Soy un mentiroso, pero sincero. Me reprochan no contar siempre de la misma manera la misma historia. Pero esto sucede porque me invento desde el principio toda la historia, y encuentro que repetirme es aburrido para mí y poco amable para los demás.

Indudablemente, aquí he expresado nada más que algunas consideraciones sobre Federico Fellini. Restan por abarcar muchos aspectos de su vida. Tampoco he comentado su obra, ni siquiera me permití contar el argumento de sus películas. En principio, porque no sería nada fácil para mí y, en principio del principio, porque comparto la idea de que si algo se puede narrar, no necesita ser filmado. Para que me entienda esta última idea: ¿Con qué palabras podría describir la sonrisa de Gelsomina en “La Strada”?

miércoles, 30 de octubre de 2013

La Sfida - Francesco Rosi (1958)


TITULO ORIGINAL La sfida
AÑO 1958
IDIOMA Italiano
SUBTITULOS Español (Separados)
DURACION 95 min.
DIRECCION Francesco Rosi
GUION Suso Cecchi D'Amico, Enzo Provenzale, Francesco Rosi
MUSICA Roman Vlad
FOTOGRAFIA Gianni di Venanzo
PREMIOS 1958: Festival de Venecia: Premio Especial del Jurado
REPARTO Elsa Valentino Ascoli, Tina Castigliano, Paquale Cennamo, Decimo Cristiani, Elsa Fiore, Ubaldo Granata, José Jaspe, Concetta Petito, Rosita Pisano, Rosanna Schiaffino, José Suárez, Ezio Vergari, Nino Vingelli
PRODUCTORA Coproducción Italia-España; Lux-Vides Cinecittà / Suevia Films
GENERO Drama | Mafia. Crimen

SINOPSIS Vito Polara, un joven napolitano ambicioso y sin escrúpulos, se propone amasar una gran fortuna utilizando cualquier medio a su alcance. En principio vive del contrabando de cigarrillos pero, cuando descubre que la Camorra monopoliza el mercado hortofrutícola, decide ingresar en esta organización mafiosa. (FILMAFFINITY)

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Subtítulos (Español)


Vito è un contrabbandiere di sigarette napoletano. Per caso finisce a vendere un carico di cucuzzielli e decide di entrare nel giro della compravendita illegale di frutta e verdura. Dovrà accettare le regole della camorra rurale della Napoli del secondo dopoguerra.
 
1958, esordio solista per Francesco Rosi, dopo una lunga esperienza da aiuto regista e co-direttore. Camorra e speculazione finanziaria: in breve l’economia italiana, intreccio indissolubile tra capitalismo e criminalità organizzata. Passare dal contrabbando delle sigarette al mercato ortofrutticolo come salto di qualità nella scala della delinquenza.
La ricostruzione di Napoli e della sua campagna secondo stilemi hollywodiani, il piccolo trafficante che si fa grande criminale con le proprie regole, con una grande storia d’amore, opponendosi al sistema e cercando di emergere con le proprie forze. La splendida fotografia di Gianni Di Venanzo rende suggestiva e inedita la città e i campi intorno alla capitale del sud. Risaltano ed emergono come due star americane Rosanna Schiaffino (genovese travestita da bellezza meridionale) e Josè Suarez (in Italia grazie alla coproduzione spagnola).
Gli schemi sono fissati, per la trama e per l’evolversi dei personaggi, gangster e famiglia italiana. Si gioca su binari dati per denunciare la malavita e i meccanismi speculativi intorno al commercio ortofrutticolo. Il cinismo e la violenza si prestano al meglio in caso di denuncia sociale e Rosi riesce a inserirli in un percorso narrativo efficace e con ritmo sempre più serrato.
Il sonoro in presa diretta e la centralità degli attori contribuiscono a raggiungere la sintesi tra documentario e film d’azione, denuncia e intrattenimento. La scuola è quella di Giannini e Visconti. La storia che fa da base al film è quella di Pascalone ‘e Nola, il criminale che avrebbe dato uno schiaffo a Lucky Luciano. L’ambientazione avrebbe dovuto essere in Sicilia e il soggetto concentrarsi sulla moglie, Donna Assunta, arrestata per aver ucciso il mandante dell’omicidio del marito. La Lux impose le modifiche.
Un film italiano, sviluppato su stilemi statunitensi, attendo alla denuncia sociale di un Paese che nella struttura non cambia, anche se l’apparato mafioso del 2011 si è nettamente sviluppato rispetto alla camorra rurale degli anni ‘50. Resta la mentalità e l’identità di un Paese che oggi meno di ieri riesce a guardarsi, analizzarsi e denunciarsi. Un pezzo della nostra storia.
Dmitrij Palagi
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Viverla oggi e vederla nel 1958, quando Francesco Rosi girò il suo primo capolavoro La Sfida, sono due cose diverse. A Napoli tutto è cambiato, ma è rimasta esattamente la stessa: un terreno di scontro, la frontiera di quartiere. I palazzi sono ancora lì, come delle rovine che ci ricordano come ancora debba essere pulita la ferita di una cultura martoriata dal male esterno e, soprattutto, dalle piaghe aperte dall’interno. La Napoli di Rosi è una Napoli che vive ancora, i cui costumi sono cambiati, forse in peggio addirittura, ma fin troppo simili a quella de La Sfida: una lotta continua.
Vito Polara è il classico piccolo criminale dalla risposta pronta ad ogni difficoltà, quando c’è da sfruttare il debole, non esita a farlo, col beneplacito di chi da lui stesso viene messo sotto le sue scarpe lucide. Al suo servizio ha due scagnozzi, il furbetto Raffaele ed il più rozzo e fedele Gennaro, due omuncoli che gli fan capire come l’oro lo si possa trovare anche nelle zucchine e nei pomodori arrivando a gestire il mercato rionale ortofrutticolo. Un mercato già sotto il controllo del Mammasantissima Salvatore Ajello, un Boss della campagna che controlla tutti i terreni, eccetto uno, ceduto per grazia a Vito.
Suso Cecchi D’Amico, Enzo Provenzale e Francesco Rosi scrivono una storiella su come l’individuo è destinato a campare solo se decide di non essere più tale: Vito Polara è astuto, ha coraggio ed è ancora giovane per ammazzare i polpi appena pescati con i suoi denti, ma troppo giovane per capire che contro la Camorra (nome fatto una sola volta per tutto il film) non ci si mettono gli uomini, ma solo i cadaveri. La Sfida è un film doloroso come l’assistere ad una vivisezione, Napoli è aperta nel ventre, le sue viscere usate come una sfera di cristallo per vedere il presente, il 1958, ed un futuro gemello.
L’uomo è un pezzo di comunità, una fetta tagliata via col coltello e che mai più potrà riagganciarsi, a rimanere sul piatto è solo colui che sa dove metter bocca può sperar di sopravvivere, e l’omuncolo Gennaro nel silenzio dell’immagine carpisce il messaggio. La regia di Rosi afferra pezzo per pezzo i passi degli uomini, individui se contro (pur volendone esser parte), un unicum mostruoso se vicino alla “famiglia”, dietro le sbarre o la grata fino a quando il momento di rivelarsi per ciò che è non arriva, in un finale raccapricciante dove l’innocente Napoli strilla e strepita, succube del dolore che causa a se stessa: la seducente seduttrice Assunta, perfetta Rosanna Schiaffino.
Ovvio che un film del genere faccia ancor più male a chi Napoli la vede prima ancor di aprire gli occhi, ma è l’opera di un maestro saldo come una colonna di marmo, deciso sin dalla prima inquadratura a dare al suo film un’impronta precisa, una ed una soltanto. Al suo scopo calza a pennello lo spagnolo José Suárez nel ruolo di Vito, così come anche Nino Vingelli, il suo braccio destro Gennaro, unica figura con cui lo spettatore può sentirsi immedesimato, una sensazione che presto ci si vorrebbe togliere di dosso come polvere da un vestito. Ma a compiere il gesto finale di assoluta maestria è il migliore di tutti gli italiani, Gianni Di Venanzo, la cui fotografia è nitida a sufficienza da far percepire tutte le sfumature dei colori pur avendone solo due a disposizione.
Fausto Vernazzani


Non di sole top ten delle vendite vive l’Home Video. Anzi, se i supporti domestici hanno una propria specificità, è proprio quella di rendere disponibili dei contenuti da tempo invisibili, piccoli grandi capolavori della storia del cinema, rimasti troppo a lungo nel limbo in attesa di un fugace e magari nottambulo passaggio televisivo. Nonostante sia uno dei maestri del cinema civile italiano e con all’attivo una filmografia di soli diciotto titoli – co-regie comprese – non tutti i film di Francesco Rosi possono vantare un’edizione in DVD, ed è dunque un vero piacere cinefilo riscoprire la grande maturità estetica e narrativa di La sfida, ottimo esordio per l’autore di Salvatore Giuliano e Le mani sulla città, approntato per la visione domestica da Dolmen Home Video e dalla CGHV. Pellicola vincitrice alla XIX Mostra del Cinema di Venezia del Premio
Speciale della Giuria, La sfida è una storia esemplare di camorra rurale, un intreccio di amore e malavita crudo ma dalla grande eleganza visiva (la fotografia è firmata da Gianni Di Venanzo), più vicino alla tradizione del dramma sociale statunitense, con echi del cinema di Elia Kazan o Sidney Lumet, che alla lezione del neorealismo nostrano, specie se lo si confronta con lo stile ascetico di un Rossellini. Protagonista della vicenda è Vito Polara (José Suárez) un giovane traffichino di belle speranze, che in una Napoli post bellica ancora sventrata dai bombardamenti, si barcamena con il contrabbando di sigarette. Quando i suoi scagnozzi vedono sfumare un carico di tabacchi clandestini, decidono di acquistare in cambio cocuzze e cocuzzelle (zucche e zucchine) che iniziano a vendere in strada riscuotendo un inatteso successo. È infatti in corso uno sciopero agricolo e i vegetali  vanno letteralmente a ruba. Fiutato l’affare, Vito ordina di alzare
subito i prezzi e medita poi di lanciarsi, da avido ma incosciente imprenditore qual è, nel mercato ortofrutticolo. Alla sua prima trasferta in campagna, scoprirà che a gestire tutte le derrate di frutta e verdura è il boss campestre Salvatore Aiello (Decimo Cristiani) e questi  non ha alcuna intenzione di dividere la sua fortuna né il suo monopolio con nessuno, meno che mai con l’ultimo arrivato. La situazione si complica quando Vito incontra Assunta (Rosanna Schiaffino) giovane e sensuale vicina di casa, e decide di sposarla. Indebitatosi per coprire le spese del matrimonio e di un lussuoso appartamento nuziale, Vito deciderà, per non perdere un lucroso affare, di contravvenire ad un blocco dei raccolti ordinato da Ajello, mettendosi
così seriamente nei guai.
Realizzato con vera cura cinefila, il pregevole DVD paga il giusto tributo a un autore dal grande talento, fautore di un cinema culturalmente alto ma anche popolare e spesso orgogliosamente meridionalista, ben distante dai cliché del folklore e capace di mescolare informazione e affabulazione, lucide analisi e emozioni, per un rapporto con la realtà che non si direbbe mediato dal solo intelletto bensì anche profondamente viscerale e dall’estetica a tratti sontuosa.
Si veda ad esempio la millimetrica orchestrazione delle location, vere protagoniste ne La sfida, con i luoghi deputati ai traffici illeciti, ovvero gli ampi squarci urbani - eredità dei pesanti bombardamenti subiti da Napoli - e la campagna pianeggiante distesa sotto il sole del mezzogiorno, contrapposti a quell’ampio cortile del caseggiato in cui Vito vive con il suo numeroso clan familiare, luogo consacrato agli affetti e all’amore, che resta inviolato dalla camorra.
Vero e proprio palcoscenico aggettante sulla città, il cortile è un labirinto periglioso almeno quanto le dinamiche della malavita, da esso si dipanano scalette a chiocciola e ballatoi pronti a condurre il protagonista verso un’arena inattesa: quella terrazza riarsa dal sole, destinata a divenire testimone di una passione amorosa coreografata come un balletto, palpitante di un erotismo perturbante e potenzialmente esiziale.
Come di rado accade per la riedizione dei film del passato,  il dvd della Dolmen annovera una serie di extra di tutto rispetto. A partire da una lunga (di oltre un’ora)  intervista all’autore raccolta da Carlo Lizzani nell’ambito del progetto “Memorie del Cinema Italiano” (collana ideata e prodotta da Felix Film), dove è possibile avere un assaggio della fluvialità aneddotica che caratterizza Rosi quando parla del suo cinema. Concedendosi generosamente al suo interlocutore, l’autore ripercorre liberamente i titoli della sua carriera, ne spiega la nascita produttiva, l’urgenza creativa soggiacente e quella sua idea di cinema come strumento d’inchiesta e di conoscenza, che oggi annovera qualche filiazione e nessun vero erede.
Possiedono l’aura mistica di un reperto archeologico – e non a caso gli originali sono oggi al Museo del Cinema di Torino – invece le “Annotazioni manoscritte di sceneggiatura” capaci di entusiasmare il cinefilo archeologo, proprio per la loro ineludibile natura di frammento. Diverte poi riscoprire il linguaggio un po’ arcaico, specie per uno spettatore contemporaneo, del trailer destinato a sponsorizzare l’uscita del film nelle sale. Denominato giustamente “presentazione cinematografica” e dalla durata un po’ più estesa rispetto agli standard odierni, il filmato lascia scorrere alcuni dei momenti salienti della pellicola accompagnandoli con una voce tonante da cinegiornale che illustra la storia narrata (puntando soprattutto – buon vecchio marketing non mente – sulla love story tra i due protagonisti) e la cui perentorietà è ribadita dalle altrettanto pleonastiche didascalie.  Completano infine il reparto contenuti speciali : galleria fotografica, locandina originale e Filmografie.
Si  fa ancora più forte di fronte alla riscoperta di titoli come La sfida il rimpianto nello scoprire che non sono molti i film di Francesco Rosi a poter vantare un’edizione italiana  in dvd. La Dolmen, da parte sua, ha in catalogo anche Cristo si è fermato a Eboli e Salvatore Giuliano, ma molto resta ancora da fare e si auspica che quel Leone d’Oro alla carriera di fresca consegna – il primo della nuova gestione Barbera della Mostra del Cinema – possa esortare i distributori in tal senso.
Risulta ad esempio fuori catalogo il dvd di Cadaveri eccellenti (Cde), inesistente poi quello di Lucky Luciano (ne è in commercio una versione spagnola) e sarebbe forse ora di concedere al pubblico nostrano anche un’edizione Home Video (parliamo sempre di versione italiana, perché l’americana Criterion ce l’ha in catalogo da anni) de Il momento della verità, forse una delle più lancinanti, carnali e sconvolgenti riflessioni sulla messinscena e la morte. Non risulta poi in commercio uno dei capolavori indiscussi di Rosi, Le mani sulla città (anche per questo titolo bisogna ricorrere all’edizione Criterion), bruciante film-inchiesta sull’abusivismo edilizio a Napoli, con protagonista Rod Steiger; e sale ancora di più l’indignazione quando mentre la cronaca nera riporta di nuovi crolli nella città partenopea, la televisione di Stato preferisce mandare in onda altro anziché rispolverare il film. Ma evidentemente il cinema, e quello di Rosi in particolare, fa più paura dell’informazione codificata dei Tg, in grado di passare sempre agilmente alla prossima notizia.
Daria Pomponio

martes, 29 de octubre de 2013

'o Re - Luigi Magni (1989)


TITULO ORIGINAL 'O re
AÑO 1989
IDIOMA Italiano
SUBTITULOS No
DURACION 90 min.
DIRECCION Luigi Magni
ASISTENTE DE DIRECCION Paola  Scola
GUION Luigi Magni
MUSICA Nicola Piovani
FOTOGRAFIA Franco Di Giacomo
MONTAJE Ruggero  Mastroianni
VESTUARIO Lucia  Mirisola
REPARTO Giancarlo Giannini, Ornella Muti, Luc Merenda, Carlo Croccolo, Corrado Pani, Anna Maria Ackermann, Cristina Marsillach, Massimo Abate, Anna Kanakis, Franco Pistoni, Franco Tavassi, Sergio Solli
PREMIOS 1988: Premios David di Donatello: Mejor actor secundario y vestuario. 5 nominaciones
PRODUCTORA Clemi Cinematografica / Titanus
GENERO Drama. Comedia | Histórico. Siglo XIX

SINOPSIS La parábola de Franceschiello, el último rey de Nápoles. Después de la expulsión del Reino de las Dos Sicilias, el ex rey vive perezoso en el exilio de Roma con su esposa Sofía, que, a diferencia de su marido, sigue luchando por el nacimiento de un heredero y la restitución en el trono de Nápoles. (FILMAFFINITY)

Trama
Il Re Francesco II di Borbone, soprannominato Franceschiello per la sua inettitudine, e la sua bella moglie Maria Sofia, insieme al fedele servitore Rafele, si trovano in esilio a Roma. Qui la ex regina cerca di organizzare un esercito, con a capo il Generale Coviello, per riconquistare il trono. L'ex Re è sfiduciato e in preda a mania religiosa, mentre Maria Sofia è ossessionata dal desiderio di avere un erede, che garantisca la successione; ma il matrimonio fra lei e lo sposo non è ancora stato consumato, perchè Francesco, che non ha mai desiderato regnare, non vuole ora mettere al mondo un altro spostato. Questo argomento è causa di continui e aspri contrasti fra i coniugi. I sovrani esiliati sono protetti dal commissario Macchi, che però sembra al re uno jettatore. Intanto giunge dal Sud un affascinante avventuriero spagnolo, Don Josè, che si innamora della regina e si offre di comandare un esercito per riconquistarle il trono. Coviello, nel frattempo, è passato all'esercito italiano. Durante una festa, Franceschiello viene leggermente ferito da una pugnalata di Lucina, una ragazza che vuole vendicare il padre, e, mentre egli si trova a letto e delira, la moglie riesce a fargli consumare finalmente il matrimonio. Don Josè viene fatto fucilare da Coviello, e intanto Franceschiello, saputo che Maria Sofia è incinta, crede che il figlio sia dello spagnolo, ma una lettera di addio di quest'ultimo alla sovrana gli prova che il sospetto è ingiusto, ed egli si convince d'essere il padre del nascituro. Coviello chiede poi un colloquio alla regina, con lo scopo di farla prigioniera, ma, quando durante l'incontro le spara, il commissario Macchi muore facendole scudo col suo corpo, e la salva. Coviello viene impiccato. Invece del sospirato erede, Maria Sofia dà alla luce una bambina, che muore dopo tre mesi.

Critica
"[...] Scritto e diretto dal prolifico Luigi Magni, 'O' re è un film piacevole, un ironico ma anche nostalgico viaggio nell'Italia di ieri per rinfrescare l'immagine di una coppia reale che gli storiografi piemontesi e i pettegolezzi popolari hanno forse messo in una luce burlesca, quando invece può meritare un'ombra di umana simpatia: lui complessato ma galantuomo, lei incapace di arrendersi al cattivo destino. Disegnando i loro opposti profili sullo sfondo di un'epoca percorsa da banditi, garibaldini, ufficiali savoiardi, guardie papaline, legittimisti irriducibili e maschere allegre, Magni orchestra uno spettacolo che in pari misura suona patetico e giocoso, implicitamente lamenta le strade imboccate dalla Storia e non a torto ne indica la prima vittima nella Napoli degradata". (Giovanni Grazzini, "Il Messaggero", 28 gennaio 1989).

"Magni continua imperterrito a rimestare nel torbido della storia patria, per trarne vicende grottesche, irriverenti e teoricamente popolari. Finché Nino Manfredi gli ha dato una mano i risultati sono stati buoni: ma adesso che gli attori sono meno mattatori, è il poco cinema di Magni a prendere il sopravvento. Un film verboso, inconcludente e noioso: solo Carlo Croccolo dipinge un personaggio da galleria." (Francesco Mininni, 'Magazine Italiano tv')

"Coerente a se stesso, Magni continua la sua personale e critica rivisitazione della storia italiana. Qui la sua simpatia per re Franceschiello (bravo Giannini) è palese. Nonostante il decoro, però, c'è alla base una piattezza televisiva." (Laura e Morando Morandini, 'Telesette')

Note
- PREMIO DAVID 1989 PER MIGLIORE ATTORE NON PROTAGONISTA A CARLO CROCCOLO, MIGLIORI COSTUMI A LUCIA MIRISOLA.
http://www.cinematografo.it/pls/cinematografo/consultazione.redirect?sch=25864
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Ambientato a Roma, dopo la caduta di Gaeta, prima di Portapia, dove la piccola corte napoletana vive fra ristrettezze economiche e sogni di rivincita della Regina (Ornella Muti) più che del Re (Giancarlo Giannini). Il maggiordomo (Carlo Croccolo) fa i salti mortali per mantenere il decoro della corte  vendendo di tutto dal cavallo della Regina, alle onoreficenze e finanche i santini della Regina santa, madre di Francesco II, in attesa di beatificazione. Maria Sofia (Ornella Muti) in crisi coniugale rinfaccia la perdita del regno e l' incapacità virile del marito... il re depresso si scuote solo al ricordo della madre santa, e dalle voci di uno strano munaciello che gira di notte per casa. Gli eventi storici che si incrociano nel film sono : visita di Borges alla corte, il tradimento di un generale borbonico che tardivamente viene fatto impiccare, lo scandalo delle foto della regina nuda; pochi gli esterni molti gli interni e i dialoghi di fantasia che rappresentano caricaturalmente i Borbone. Bella la colonna sonora anche se malinconica.
Francesco del. RE (Movimento neoborbonico)


“Quegli uomini straordinari che raccolgono allori lungo le strade” …
Storie sui Briganti nei sentieri dei Castelli Romani

Tra gli uomini straordinari Stendhal nel saggio "I briganti in Italia" annovera il brigante Barbone, alias Stefano d'Annibale (1), famoso per la sua crudeltà e temerarietà, al tempo dello scrittore pensionante esterno o, per altri, custode di Castel Sant'Angelo, dove fu poi recluso per molto tempo. Barbone era nato a Velletri alla fine del Settecento e compì l'apprendistato del suo terribile mestiere fin da giovanissimo ed in coerenza con le sue origini, visto che sua madre Rinalda, l'aveva avuto da una relazione con il brigante Peronti che successivamente l'aveva abbandonata. La sua prima maestra fu la madre, che per vendicarsi del marito insegnò al figlio i primi rudimenti del mestiere. Con questa educazione brigantesca, Barbone non smentì le aspettative della madre riuscendo a costituire una banda che divenne il terrore dei viaggiatori del territorio castellano fino ad arrivare nei dintorni di Tivoli, Palestrina e Poli. Dopo una serie lunga e dolorosa di crimini e misfatti, Barbone pensò di riposarsi e offrì al papa la propria resa a condizione che, come risarcimento, gli fosse concessa un'indennità e un buon numero di assoluzioni. Il Pontefice acconsentì e Barbone, come pegno della sua parola, inviò le insegne della propria autorità. Nel 1818 Barbone fece il suo ingresso"trionfale" nella capitale tra ali di folla accorse per poter vedere da vicino colui che era stato per anni il terrore della città e della campagna romana. Significative sono le parole di Stendhal nel paragrafo che riguarda questo momento della vita del brigante che sintetizzano la sensibilità particolare del popolo romano e più in generale della natura degli italiani e infatti:" ... a Roma si ha sempre una certa indulgenza e perfino interesse per gli assassini; si rivolge solitamente all'omicida quella pietà che si dovrebbe provare per la sua vittima; e spieghi chi può questo strano sentimento! Ma è uno dei tratti caratteristici di quel popolo. Posto di fronte alle figure dell'assassino e dell'assassinato, a commuoverlo sono i pericoli corsi dal primo"(2).Attraverso l'accordo con il papa, Barbone trascorse il resto della su vita a Roma con tranquillità e sicurezza tanto che lo si vedeva spesso passeggiare per le vie della città circondato dagli sguardi di ammirazione dei romani.
La città di Velletri sembra essere il cuore delle imprese brigantesche, perché ha dato i natali anche ad un altro famoso brigante, Cencio Vendetta, ossia Vincenzo Giovan Battista Vendetta, conosciuto come il Brigante della Madonna(3).
Egli nacque il 30 dicembre 1825 a Velletri da una famiglia non agiata ed anzi privazioni e povertà influirono molto sulla sua formazione e sul carattere. La vita ribelle e criminosa del ragazzo iniziò subito ed infatti già a dieci anni rubò ad uno zio alcune tavole: fu denunciato e condannato a due mesi di carcere. Andando avanti negli anni l'attività criminosa di Cencio si consolidò con furti e rapine. Con alcuni complici nel settembre 1852 compì un furto ai danni di un tabaccaio di Genzano, Gaetano Fontana, per duecentottanta scudi. Nell'agosto del 1857 si macchiò di una grave colpa. Un maresciallo delle guardie pontificie, Antonio Generali, si era messo sulle sue tracce e andava dicendo che non appena avesse incontrato il brigante lo avrebbe ucciso a bruciapelo. Cencio raccolse la sfida e la sera del 28 agosto 1857 si presentò davanti a lui e lo accoltellò. Naturalmente si diede subito alla macchia, ma, dopo alcuni lunghi mesi di stenti e privazioni, stanco di essere braccato dall'esercito, fece circolare la voce che si era recato all'estero. In realtà si nascondeva nelle campagne di Genzano dove ebbe tutto il tempo di organizzare il suo colpo più ardito e temerario. Nella notte tra il 25 e il 26 marzo del 1858, qualche giorno prima di Pasqua, rubò il quadro prezioso e antico della Madonna delle Grazie e il tesoro custodito nella cattedrale di San Clemente a Velletri. Cencio poi fece pervenire una lettera allo stimato arciprete della Chiesa di San Salvatore, monsignor Ronci, per comunicare al clero l'avvenuto furto degli oggetti sacri chiedendo per la restituzione di poter incontrare il delegato apostolico mons. Luigi Giordani. L'intenzione del Brigante era quella di iniziare una trattativa per la restituzione della refurtiva in cambio del perdono da parte delle autorità(4). La cosa però non era facile e dopo un lungo periodo, Cencio restituì il quadro e il tesoro che furono riportati nella Cattedrale con una solenne processione. Il brigante fu invitato a costituirsi alla giustizia per affrontare il processo e solo dopo avrebbe ottenuto un provvedimento di clemenza. Cencio minacciò di darsi alla latitanza ma fu subito arrestato con un espediente dalle guardie. Il suo processo iniziò il 6 maggio 1858 e durò per un anno, prima a Velletri e poi a Roma. Non ebbe nessuna clemenza e la mattina del 29 ottobre 1859 fu ghigliottinato nella Piazza del Trivio a Velletri, alla presenza di tutta la popolazione di Velletri : sul palco c'era anche il famoso boia Mastro Titta ormai ottantenne(5).
Rimase nel ricordo della gente l'impresa del furto e poi della restituzione degli oggetti sacri e per questo gli venne dato l'appellativo di Brigante della Madonna, creando così la leggenda di un eroe generoso e tragico(6).

Bibliografia
(1)Stendhal, ( Marie-Henri Beyle,1783-1842), I briganti in Italia, Genova, Il Melangolo, 2004,p.47-49;
(2)Colagiovanni M, Il Sangue della redenzione. Rivista semestrale dei Missionari del Preziosissimo Sangue, Anno IV, n.2, Luglio-dicembre 2006, Roma, Sanguis Editrice, , p.95;
(3)Stendhal, I Briganti in Italia, cit.p. 49;
(4)Mammucari, Renato, I briganti. Storia, Arte, letteratura, Immaginario, Città di Castello, Edimond, 2000, p.238;
(5)Ponzo, Giovanni, Cencio Vendetta. Il brigante della Madonna. Storia di un Uomo, di una Famiglia e di una Città, Velletri, 1992;
(6)Mammucari, Renato, I briganti. Storia, Arte, letteratura, Immaginario, cit.. p.262-265;
(7)A questa temeraria impresa sono state dedicate da parte dei cittadini di Velletri rappresentazioni teatrali e canzoni, la più conosciuta è 'O stazzo, che ne ripropone la storia accompagnata da passi di danza.

I Briganti nel cinema
Intorno agli anni settanta del secolo scorso ci fu nell'ambito cinematografico un fiorire di film dedicati alle gesta e alla vita di briganti o di film storici in cui la figura del brigante non mancava mai. Il fenomeno fu talmente evidente che Ennio Flaiano con una delle sue definizioni folgoranti chiamò"Southterns" i film che nel dopoguerra venivano girati sull'argomento, riferendosi proprio alle pellicole americane ambientate nel far west. In effetti, si diceva da più parti che alcune zone italiane nell'epoca del brigantaggio erano diventate come il far west, terre di nessuno, terre di frontiera dove si combatteva contro i soprusi e la miseria e si lottava per la sopravvivenza contro gli invasori che di volta in volta occupavano il sud.
Si propone di seguito una selezione di film in ordine cronologico con breve abstract, alcuni, i più recenti, sono presenti sul mercato,altri possono essere reperiti presso centri di documentazione cinematografica come la Cineteca Nazionale del Centro Sperimentale di Cinematografia di Roma.

*Il brigante Musolino, 1950, di Steno con Amedeo Nazzari e Silvana Mangano;
Giovane carbonaio calabrese ama riamato la bella Mara. Condannato per un delitto non commesso, evade e si dà alla macchia. Fino al 1950 la storia di Beppe Musolino non era mai stata portata sullo schermo per l'assonanza del nome con quello del duce.

*Donne e briganti, 1950, di Mario Soldati con Amedeo Nazzari e Paolo Stoppa.
Alla fine del Settecento nel Regno di Napoli le bande armate di Fra Diavolo attaccano l'esercito francese. Il re Ferdinando IV apprezza il fuorilegge e lo nomina colonnello. Soldati, scrittore e cineasta dalle molteplici risorse, offre a Nazzari l'occasione di rimettere a lucido la sua sorridente baldanza nella parte del celeberrimo Fra' Diavolo. Stringato, elegante.

*Il brigante di Tacca del Lupo, 1952, di Pietro Germi con Amedeo Nazzari, Cosetta Greco;
1863: i bersaglieri del capitano Giordani devono liberare una zona della Lucania dai briganti di Raffa Raffa, fedeli ai Borboni. Il capitano è per i metodi spicci, il commissario Siceli predilige l'astuzia. Da un racconto di Riccardo Bacchelli, sceneggiato dal regista con F. Fellini,il film è un western militare di robusto impianto dove la contrapposizione complementare tra A. Nazzari/soldato blu nordista e il commissario sudista e volpone è da sola una piccola lezione di storia. Sono abbastanza crude ed eloquenti alcune immagini, ad esempio quelle del saccheggio di Melfi, e le sequenze di battaglia in generale

*I briganti Italiani,1961, di Mario Camerini con Vittorio Gassman e Philippe Leroy. Sante Carbone, brigante napoletano al servizio del Re Ferdinando II, viene abbandonato a se stesso quando le truppe piemontesi compiono l'unita'd'Italia. Sconfitto il Regno delle Due Sicilie, Carbone è deciso a consegnarsi ai piemontesi, ma i nobili del luogo vogliono evitare che l'uomo riveli particolari compromettenti...

*Salvatore Giuliano, 1961, di Francesco Rosi, con Frank Wolf e Salvo Randone.
Il famoso bandito del movimento separatista siciliano.Compie azioni criminose contro uomini dello Stato e diventa inconsapevolmente uno strumento della Mafia...
Una ricostruzione fedele delle imprese del bandito, ambientate nei luoghi dove sono avvenute, il suo paese di nascita, il tragico episodio di Portella della Ginestra.

*O' Re di Luigi Magni con Giancarlo Giannini e Ornella Muti;
Il Re Francesco II di Borbone, soprannominato Franceschiello per la sua inettitudine, e la sua bella moglie Maria Sofia, insieme al fedele servitore Rafele, si trovano in esilio a Roma. Qui la ex regina per riconquistare il trono, cerca di organizzare un esercito con a capo il Generale Coviello e l'affascinante avventuriero spagnolo Don Josè. I due radunano le rimanenti truppe dell'esercito borboniche e le molte bande di briganti che operavano nei territori del sud della penisola.

*Briganti. Amore e libertà, 1993, di Marco Modugno, con Claudio Amendola e Monica Bellucci;
Si narra la storia di due fanciulli uniti dal destino, Giovanni e Costanza. Lei è figlia di un barone, lui figlio di un brigante. I due fanciulli crescono insieme e fra loro si crea una forte amicizia, che cresce fino a diventare amore. Vengono scoperti: Giovanni viene cacciato di casa, mentre lei viene rinchiusa in un monastero. Scoppia la guerra e Costanza torna a casa, ormai fatiscente, cadente. Il suo cuore è sempre legato a Giovanni che nel frattempo si era arruolato con l'esercito borbonico, e dopo alcune vicende era entrato in un gruppo di ribelli briganti, che sfuggivano alle rappresaglie dei garibaldini. Saputo che Costanza è uscita dal monastero torna a cercarla...
Ferdinando e Carolina, 1998 di Lina Wertmuller, con Mario Scaccia, Sergio Assisi, Gabriella Pession
1825. Napoli. Ferdinando I di Borbone sta per morire, ma i fantasmi del passato non lo abbandonano. Oltre a momenti positivi come un'infanzia e un'adolescenza prive di preoccupazioni e il matrimonio d'amore con Maria Carolina D?Asburgo, riemergono da passato episodi di intrighi, complotti, guerre, accordi con briganti e masnadieri.

*Li chiamarono...briganti,1999, di Pasquale Squitieri, con Claudia Cardinale, Enrico Lo Verso, Giorgio Albertazzi.
Squitieri propone una romanzesca versione del 'dopo-Garibaldi' in cui un ex camicia rossa torna nel proprio paese e assiste alle vessazioni compiute dal governo sabaudo. Si dà alla macchia, diventando il capo di una banda di briganti, col nome di Carmine Crocco per ricostituire il dominio borbonico ma si scontra con il generale Cialdini che si allea con la mafia e reprime il tentativo.

*La Carbonara, 1999,di Luigi Magni, con Claudio Amendola, Valerio Mastandrea, Lucrezia Lante della Rovere.
Ai tempi del Gran Tour e della Partita dei Sogni (nel 1825), sul confine Nord degli Stati della Chiesa. Una stazione di posta, con cambio di cavalli, ai piedi di un antico borgo, arroccato intorno a un Castello baronale. Annessa alla stazione, una locanda con Osteria, all'insegna de La Carbonara. La bella proprietaria è chiamata, per estensione, La Carbonara, ma è"Carbonara di Spaghetti", specialità della casa. Nella campagna circostante, briganti e Gendarmi si spartiscono il territorio..

*Tiffany e i tre briganti, 2008, film di animazione tratto dal racconto "I tre briganti" di Toni Ungerer.
Un bosco scuro scuro, una carrozza che corre nella notte portando una bambina addormentata, tre briganti appostati nell'ombra... Che ne sarà della piccola Tiffany? Sono davvero così cattivi quei tre briganti, oppure...
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Daniela Imperi
http://www.vivavoceonline.it/articoli.php?id_articolo=1194


Luigi Magni, il cantore della Roma papalina 

Luigi Magni nasce a Roma nel 1928, è uno sceneggiatore - regista unanimemente considerato come il cantore appassionato e ironico della Roma papalina. Il suo interesse per quel periodo storico compare già con prepotenza nella sceneggiatura de Le voci bianche (1964) -girato da Pasquale Festa Campanile - e nella messa in scena teatrale di un’epopea romanesca di taglio popolare come Rugantino (1966).
Luigi Magni come sceneggiatore è attivo per tutto il periodo 1959 - 1968, collaborando a film comici (La cambiale, Il corazziere, Gli attendenti, Il mio amico Benito) e subito dopo a lavori più impegnati di ambientazione storica (Madamigella di Maupin, La mandragola, El Greco, La cintura di castità). Tra gli altri film scritti da Magni ricordiamo: In Italia si chiama amore, Un tentativo sentimentale, Non faccio la guerra faccio l’amore, Le fate, Le bambole, La ragazza con la pistola e Per grazia ricevuta).
Le collaborazioni di Magni in veste di soggettista e sceneggiatore prendono il via dalla collaborazione con Age & Scarpelli e riguardano le opere dei migliori registi del tempo: Mario Monicelli, Luciano Salce, Mauro Bolognini, Camillo Mastrociqnue, Giorgio Bianchi, Pasquale Festa Campanile, Carlo Lizzani e Alberto Lattuada.
Il debutto cinematografico avviene con Faustina (1968), un originale apologo popolaresco che cita e omaggia con affetto la romanità d’un tempo. Interpreti: Vonetta McGee, Renzo Montagnani, Enzo Cerusico, Franco Acampora, Clara Bindi, Diana Buffardi, Franca Haas e Ottavia Piccolo. Montagnani è un tombarolo gretto e manesco che vive di espedienti, mentre la mulatta McGee è la moglie Faustina, che a un certo punto si innamora di un timido cantante (Cerusico) e vorrebbe scappare con lui, ma non è facile. Il marito la denuncia per abbandono del tetto coniugale, lei finisce in galera, ma quando dopo sei mesi esce fuori, attende un figlio. Il marito la riempie di botte più forte di prima e a questo punto lei se ne va per sempre. La mulatta Faustina simboleggia il passaggio degli alleati, ricorda come le truppe di liberazione abbiano avuto rapporti con donne italiane. Magni ci fa conoscere la romanità delle sue storie con una spruzzata di femminismo e ambienta il racconto nel Foro romano effettuando le riprese tra le rovine. Una favola garbata, senza tempo, di taglio pasoliniano, con una scenografia che ricorda le stampe d’epoca.
Se il primo film di Magni poteva dirsi interessante e originale, il secondo è già un grande successo di pubblico e di critica.
Nell’anno del Signore (1969) è un’opera a metà strada tra il comico e il tragico che racconta le vicissitudini di un gruppo di carbonari smascherati e uccisi, tutti tranne il Cornacchia (Manfredi), che continuerà a scrivere filastrocche irriverenti contro il Papa sulla statua di Marc’Aurelio. A parte Manfredi - grande protagonista - nel cast spiccano Claudia Cardinale, Robert Hossein, Renaud Verley, Enrico Maria Salerno, Alberto Sordi, Ugo Tognazzi, Britt Ekland, Pippo Franco e Stefano Oppedisano. Siamo nella Roma del 1825, sotto Papa Leone XII, epoca di tumulti anticlericali e di moti carbonari, il nostro protagonista è un modesto ciabattino che si fa chiamare Cornacchia ma nasconde l’identità dell’irriverente Pasquino. Hossein e Verley sono due carbonari che vengono aiutati da Cornacchia a scoprire i traditori e a salvarsi dalla galera. Cornacchia sogna una rivolta popolare contro il dominio dispotico del Papa Re, ma resta deluso e le sue speranze sono frustrate. Magni scrive e sceneggia il film, dimostrando grane maturità artistica sin dal secondo lavoro che utilizza gli strumenti della commedia in un’ambientazione storica. Non manca la riflessione politica sulle rivoluzioni e sul popolo che non vuole rischiare la pelle ma pensa soltanto a vivere una vita tranquilla e immune da problemi. Gli attori sono bravi. Sordi è un frate molto divertente, Tognazzi un credibile cardinale e Salerno un diligente capitano. Claudia Cardinale salva il lato erotico che stiamo cercando nella commedia alta ed è di una radiosa bellezza, forse nel momento migliore della sua vita artistica.
Scipione detto anche l’Africano (1971) è un film satirico contro l’antica Roma, interpretato da Marcello Mastroianni, Ruggero Mastroianni, Woody Strode, Silvana Mangano, Turi Ferro, Adolfo Lastretti, Fosco Giachetti, Enzo Fiermonte, Philippe Hersent, Wendy D’Olive, Brizio Montinaro e Ben Ekland. Magni scrive e sceneggia una sorta di parodia che critica l’antica Roma scettica e indolente per ironizzare sulla società contemporanea. Fa parlare gli antichi romani in dialetto romanesco, una scelta coraggiosa ma divertente, e gira il film a Paestum, tra le rovine della Villa Adriana. Marcello Mastroianni è Publio Cornelio Scipione, detto l’Africano, vincitore delle guerre puniche, accusato da Catone il Censore di aver intascato illegittimamente un tributo di 500 talenti dovuti da Antioco, re di Siria. Alla fine si scopre che il colpevole è il fratello Lucio Cornelio Scipione, detto l’Asiatico (Ruggero Mastroianni), ma l’Africano si prende la colpa, dopo aver capito che gli ideali e le virtù sono soltanto vuote parole. Sceglie l’esilio perché si rende conto che gli uomini onesti e probi non sono ben visti a Roma. La pellicola è molto teatrale, ma gli attori sono bravi e il pubblico non si annoia. Ruggero Mastroianni - famoso montatore - è il fratello di Marcello, una tantum attore per interpretare (in maniera più che credibile) il ruolo del fratello di Scipione. Turi Ferro è niente meno che Giove. La colonna sonora è di Severino Gazzelloni. Il film non è tra le cose migliori di Magni, ma non condividiamo l’ardore con cui Morando Morandini ne sconsiglia la visione (si prende una querela dalla produzione). “Arguto, verboso, con molti momenti di stanchezza”, scrive sul noto Dizionario che porta il suo nome. Ai nostri fini niente di erotico, anche se possiamo parlare di un peplum in salsa di commedia.
La Tosca (1973) è ai nostri fini ancor meno interessante, perché si tratta della trasposizione cinematografica del celebre dramma di Sardou in veste musicale, interpretata da Monica Vitti, Vittorio Gassman, Luigi Proietti, Umberto Orsini, Aldo Fabrizi, Ninetto Davoli, Alvaro Vitali, Fiorenzo Fiorentini, Gianni Bonagura e Marisa Fabbri. Il film è originale perché La Tosca viene trattata in veste ironica e romanesca, una maniera insolita di concepire un’opera e di portarla a un pubblico meno preparato. Magni si occupa di tutto, dalla sceneggiatura ai dialoghi, passando per i cori e le canzoni, trasformando il dramma di Flora Tosca in un’opera buffa di taglio romanesco. Non è una parodia, ma una commedia musicale che mette in primo piano ciò che Sardou e Puccini utilizzano come sfondo, ma il risultato finale non ha niente a che vedere con l’opera classica. La critica politica all’Italia contemporanea è più che evidente e la vena da commedia leggera scorre felice. Il regista punta sull’umorismo e fa a meno della retorica, inserendo il solito spirito anticlericale e battute polemiche sula rivoluzione. Il mix tra commedia brillante e melodramma finale è ben riuscito. Armando Trovajoli cura una splendida colonna sonora.
La via dei babbuini (1974) è un lavoro atipico per Luigi Magni che punta sul filosofico e realizza una commedia di ambientazione africana ricca di bozzetti e di stupende scenografie, ma poco efficace. Ai nostri fini ci sono timidi accenni di commedia erotica vista la presenza di un’affascinante Catherine Spaak, poco espressiva e  spesso in difficoltà con il personaggio, e di un comico Pippo Franco, alle prese con la caratterizzazione di un uomo bianco nato in mezzo ai coccodrilli. Lionel Stander è il più bravo di tutti nei panni (ormai consueti) del vecchio padre morente, un fascista nostalgico che ha mollato la famiglia ed è andato a vivere in Etiopia, ma esce presto di scena. Uno dei momenti migliori del film è l’incontro padre - figlia che si rivedono dopo una lunga separazione e sembrano due estranei. Lui finisce per morire nella sua Africa, senza nessuna nostalgia di Roma e della vecchia Europa. Gli altri interpreti sono Fabio Garriba e Gabriele Grimaldi, ma la loro partecipazione è piuttosto monocorde. Soggetto e sceneggiatura sono del regista che racconta la storia di una signora romana (Spaak) che va in Africa per assistere il padre morente e decide di abbandonare il marito per seguire nella savana la via dei babbuini. Pippo Franco è il singolare individuo che Catherine Spaak incontra sul suo cammino, un italiano figlio di immigrati, nato in Etiopia in mezzo ai coccodrilli, che vive di sogni e ricordi del passato. Un ruolo insolito per l’attore comico romano, atipico e piuttosto serioso, a metà strada tra il comico e il surreale. In ogni caso la parte comica è tutta sulle sue spalle, anche perché il marito della Spaak è un personaggio grottesco e irreale, così pieno di difetti da sembrare un fumetto. Pippo Franco che filosofeggia, però, non è il massimo: “Il babbuino è simile all’uomo, ma non vuole diventare uomo. Per questo ogni sera al tramonto torna nella foresta per restare scimmia, seguendo la via dei babbuini”. Pippo Franco si vede sconvolgere l’ordinaria follia della sua vita quotidiana a contatto con i coccodrilli da una coppia in fuga dal mondo moderno. Il nuovo compagno muore divorato da un coccodrillo, ma lei decide lo stesso di restare in Africa perché il rapporto con il marito - che cerca di riportarla a casa senza successo - è ormai finito. La Spaak era andata in Africa per nostalgia del padre moribondo, ma forse voleva soltanto fuggire da un marito noioso e pedante. Il mal d’Africa ha fatto il resto. Gli effetti speciali sono di Carlo Rambaldi, la stupenda fotografia africana è di Di Giacomo, il montaggio serrato di Ruggero Mastroianni. Musica suggestiva di Armando Trovajoli. Il film avrebbe ambizioni ecologiche e consiglia la ricetta contro l’alienazione dell’uomo contemporaneo: la fuga e il ritorno alla natura selvaggia. Un apologo esotico che non funziona, anche perché la Spaak e Franco non sono due attori in sintonia. Resta un buon lavoro stilisticamente parlando, suoni e rumori della notte africana sono valorizzati al massico, le suggestive scenografie lasciano senza fiato. Sembra d’essere in un mondo movie romantico e nostalgico, tra grandi alberi, coccodrilli, ippopotami e bozzetti di vita nella savana. I momenti erotici sono pochi, a parte la bellezza di Catherine Spaak - che con il passare del tempo diventa sempre più castigata - e un fugace incontro tra il marito e una prostituta nera.
Signore e signori buonanotte (1976) è una commedia a episodi firmata da Luigi Comencini, Nanni Loy, Luigi Magni, Mario Monicelli ed Ettore Scola. Gli sceneggiatori sono un manipolo: Age (Agenore Incrocci), Furio Scarpelli, Leo Benvenuti, Piero De Bernardi, Ruggero Maccari e Ugo Pirro. Il film è strutturato in 14 episodi ed è prodotto in cooperativa da registi e sceneggiatori. Il tema di fondo è la critica alla televisione, i registi realizzano un’efficace parodia di una giornata televisiva a base di sceneggiati, telegiornali, pubblicità e inchieste. Scola dirige l’episodio - cornice, interpretato da Marcello Mastroianni e Monica Guerritore, basato su un giornalista televisivo che intervista un uomo politico corrotto, assiste a un vertice di camorristi che si stanno spartendo Napoli e si intrattiene piacevolmente con una collega. Mastroianni è un giornalista - speaker molto distratto di un inesistente (al tempo) TG3, perché la terza rete ancora non ha visto la luce. La sua presenza fa da filo conduttore, perché i vari episodi del film sono presentati come inchieste, servizi speciali, intrattenimenti e inserti del suo telegiornale. Scola dirige anche Il salone delle cariatidi ed è sua l’idea del sosia di Giovanni Leone - Presidente della Repubblica - mentre balla la tarantella. Luigi Comencini dirige Lezione d’inglese, con Vittorio Gasmann e Lucretia Love (Anna Morganti), dove un agente della Cia prepara un attentato, ma anche L’ispettore Tuttumpezzo con Vittorio Gassman, Adolfo Celi e Senta Berger, per raccontare la storia di un poliziotto che diventa cameriere di un potente corrotto. Mangiamo i bambini, con Paolo Villaggio e Gabriella Farinon, è l’ultimo episodio di Comencini, basato sull’affermazione di Jonathan Swift secondo la quale si dovevano mangiare i bambini poveri in eccedenza. Nanni Loy dirige Sinite parvulos, con Andrea Bosic, un ragazzino napoletano che si suicida dopo che un cardinale ha premiato le famiglie con molti figli, e Il personaggio del giorno - Poco per vivere troppo per morire, con Ugo Tognazzi e Franco Diogene, dove vediamo un pensionato milanese campare di espedienti. Luigi Magni resta nella sua tematica preferita, anticlericale e dedicata alla Roma papalina con Il santo soglio (Nino Manfredi, Mario Scaccia, Andrea Ferréol, Felice Andreasi e Luigi Basagaluppi), dove un cardinale si finge moribondo per essere eletto Papa. Mario Monicelli dirige La bomba (Carlo Croccolo, Eros Pagni, Sergio Graziani, Camillo Milli e Gianfranco Barra), come satira all’inettitudine della polizia che fa esplodere un ordigno dopo un falso allarme per non fare una figuraccia, e Il generale in ritirata (Ugo Tognazzi), che vede un militare suicida perché le medaglie sono cadute nella tazza del water. Non è dato sapere chi abbia girato Il disgraziometro (Comencini?), interpretato ancora da Paolo Villaggio, sul gioco a premi dove vince il più sfortunato. Si tratta di una commedia satirica, a sfondo politico, ma invece che cattiva e pungente come avrebbe dovuto essere, pare blanda e annacquata. Vizi e virtù di un’Italia allo sfascio vengono messi alla berlina. Scarso il successo di pubblico, anche se gli attori sono di primo piano e i registi quanto di meglio in circolazione. Musiche di Lucio Dalla, Antonello Venditti, Francesco Guccini, Giuseppe Mazzucca e Nicola Samale. Erotismo poco o niente, a parte qualche ammiccamento da parte di Monica Guerritore (presentatrice - amante di Mastroianni), Lucretia Love e Senta Berger.
Basta che non si sappia in giro (1976) cavalca la moda delle commedie a episodi girate da più registi, in questo caso la collaborazione è tra Nanni Loy, Luigi Magni e Luigi Comencini. Macchina d’amore di Nanni Loy (Monica Vitti e Johnny Dorelli) racconta le vicissitudini erotiche di una dattilografa che batte a macchina il copione di un film porno, ma scambia realtà e fantasia. Il superiore di Luigi Magni (Nino Manfredi, Lino Banfi e Isa Danieli) racconta una rivolta carceraria per protestare contro la mancanza di donne durante la quale un secondino rischia di essere sodomizzato. L’equivoco di Luigi Comencini (Nino Manfredi e Monica Vitti) è incentrato sullo scambio di persona tra una venditrice di libri e una prostituta. Luigi Magni scrive e sceneggia il suo episodio, atipico come tematica. Il primo è scritto da Age e Scarpelli, il terzo da Castellano e Pipolo. Una commedia innocua, scritta e girata con poca fantasia, basata su situazioni erotiche sempre poco esplicite e con attrici reticenti a recitare senza veli.
Quelle strane occasioni (1976) vede ancora una collaborazione tra Nani Loy, Luigi Mani e Luigi Comencini per una commedia a episodi di livello medio. Italian Superman di Nanni Loy - che non firma la pellicola - (Paolo Villaggio, Valeria Moriconi e Lars Bloch) è il più volgare come tematica e racconta le vicende di un venditore di castagnaccio che diventa ricco facendo l’amore in pubblico nei night di Amsterdam. Il problema è che la moglie lo blocca, lui non vuol saperne di restare fedele e di fare l’amore con una sola donna. Il cavalluccio svedese di Luigi Magni (Nino Manfredi, Olga Karlatos, Giovanna Steffan, Giovannella Grifeo) è commedia erotica pura e racconta di un architetto che va a letto con una bella svedese, figlia di un amico, ma il problema è che l’amico è stato amante della moglie.  L’ascensore di Luigi Comencini (Alberto Sordi, Stefania Sandrelli e Beba Loncar) è l’episodio più erotico e ricco di scene sensuali, merito di una strepitosa Stefania Sandrelli che seduce un monsignore (Sordi) in un ascensore bloccato per un’intera giornata. Il monsignore approfitta della ragazza e alla fine si comporta come se non fosse accaduto niente. Gli sceneggiatori sono Leo Benvenuti e Piero De Bernardi, che collaborano con Rodolfo Sonego per Il cavalluccio svedese e L’ascensore. Molti gli elementi di commedia sexy, soprattutto nel terzo episodio girato da Comencini.
In nome del Papa Re (1977) rappresenta la continuazione ideale di Nell’anno del Signore ed è l’opera più matura e riuscita di Luigi Magni, che racconta la ferocia degli ultimi anni di potere temporale dei papi attraverso la figura ironica di Don Colombo (un Manfredi in gran forma), consapevole che la fine è prossima, ma incapace di fare scelte rivoluzionarie. Interpreti: Nino Manfredi, Danilo Mattei, Carmen Scarpitta, Giovannella Grifeo, Carlo Bagno, Salvo Randone, Ettore Manni, Camillo Milli, Rosalino Cellamare (il popolare cantante Ron) e Luigi Basagaluppi. Ai nostri fini non c’è niente di erotico, mancano persino presenze femminili interessanti, ma resta una notevole critica anticlericale e la rievocazione dell’ultima condanna a morte decretata dal Papa. La pellicola si regge tutta sulla grande interpretazione di Nino Manfredi, attore feticcio di Luigi Magni. David di Donatello per la sceneggiatura.
Arrivano i bersaglieri (1980) approfondisce la tematica anticlericale di Luigi Magni, che racconta il passato ma guarda al presente. Il film è interpretato da Ugo Tognazzi, Giovanna Ralli, Vittorio Mezzogiorno, Pippo Franco, Giovannella Grifeo, Ombretta Colli, Mariano Rigillo, Enrico Papa, Carlo Bagno, Daniele Dublino, Ricky Tognazzi e Moira Orfei. Il periodo storico preso in esame è successivo alla breccia di Porta Pia, quando la nobiltà papalina e il clero cercano di riciclarsi nella nuova Italia unita. Bella commedia storica con personaggi indovinati, come il prete trasformista interpretato da Pipo Franco e il patrizio tradizionalista Ugo Tognazzi, ma pure lo zuavo Mezzogiorno che si è arruolato con i bersaglieri. Ottimo il cast femminile che assicura un minimo sindacale di erotismo alla commedia: Giovanna Ralli, Ombretta Colli e Moira Orfei.
Un’avventura a Campo de’ Fiori (1982) è un singolare prodotto televisivo che Luigi Magni gira per il ciclo Dieci registi italiani, dieci racconti italiani, trasmesso da Rai 3. Il film di Magni va in onda il 14 maggio 1983, sabato alle 20 e 30, tratto dal racconto surreale di Giorgio Vigolo, sceneggiato dal regista con la collaborazione di Luigi Spagnol. Interpreti: William Berger, Geneviève Omini, Rina Franchetti, Fabio Garriba, Anna Lelio, Remo Remotti. Un uomo manca da Roma da molto tempo, ma quando ci torna per ritrovare un amico, al suo posto incontra un fantasma. Insolito ma da vedere.
State buoni se potete (1983) è la storia romanzata di San Filippo Neri, interpretato da Johnny Dorelli, il condensato di una serie televisiva in tre puntate. Il film celebra il fondatore dell’oratorio, il santo che si prende cura della gioventù, e un anticlericale come Magni non sembra il regista più adatto, mentre le musiche di Angelo Branduardi sono perfette. La versione televisiva dura 149’ ed è quella che circola in dvd. Fuori argomento per quel che riguarda la nostra tematica. L’addio a Enrico Berlinguer (1984) è un documentario girato a più mani, dedicato alla figura di un grande uomo politico, segretario del Partito Comunista Italiano, scomparso per un arresto cardiaco durante un comizio. Citiamo per completezza Il generale (1986), Garibaldi il generale (1987) - miniserie a puntate - e Cinema! (1988), esperienze televisive che esulano dalla nostra trattazione, così come il documentario Imago Urbis (1987).
Secondo Ponzio Pilato (1987) vede Luigi Magni alle prese con una tematica storica insolita, ma in compagnia del fido Nino Manfredi, che interpreta da par suo un ruolo complesso. Il cast comprende Stefania Sandrelli, Lando Buzzanca, Mario Scaccia, Flavio Bucci, Luisa De Santis, Roberto Herlitzka e Antonio Pierfederici. Il film è a metà strada tra realtà e fantasia, perché Ponzio Pilato dopo aver condannato a morte Gesù viene colto da dubbi e si convince di aver commesso un delitto. Alla fine - da buon eroe tragico della commedia all’italiana - chiederà all’imperatore Tiberio di essere decapitato. Nino Manfredi, ormai sodale di Luigi Magni, rende ciociaro Ponzio Pilato e ne fa un personaggio interessante, roso dai dubbi e dal rimorso. Stefania Sandrelli assicura l’indispensabile elemento erotico.
O’ re (1988) è un altro film storico - genere nel quale Magni è ormai specialista - interpretato da Giancarlo Giannini, Ornella Muti, Carlo Croccolo, Corrado Pani, Luc Merenda, Cristina Marsillach e Annamaria Ackermann. La pellicola racconta la vita privata dell’indolente Francesco di Borbone (re Franceschiello) e della moglie Maria Sofia, interpretati da Giancarlo Giannini e Ornella Muti. I sovrani si trovano a Roma in esilio dopo che Garibaldi li ha scacciati dal Regno delle Due Sicilie. La pellicola nasce per il piccolo schermo, la versione cinematografica è tagliata, ma conserva gli stessi ritmi e inoltre i due attori principali non sono ben assortiti. Ornella Muti è fuori ruolo, anche se conferisce al film un minimo di sensualità. Commedia all’italiana, ironica e scanzonata, ma con riferimenti storici ben precisi.
In nome del popolo sovrano (1990) è un nuovo atto dell’epica anticlericale e antipapista di Luigi Magni, che mette in scena il prete Ugo Bassi schierato contro il Papa e il solito Manfredi nei panni del Pasquino di turno. Interpreti: Alberto Sordi, Nino Manfredi, Jacques Perrin, Elena Sofia Ricci, Carlo Croccolo, Luca Barbareschi, Massimo Wertmüller e Serena Grandi. Siamo ai tempi della Repubblica Romana (1848) e il regista racconta l’amore della moglie di Eufemio Arquati (Sordi) per un garibaldino. Il marito la riconquisterà solo dopo essersi unito ai repubblicani. Bravissimo Manfredi nei panni di Angelo Brunetti detto Ciceruacchio. Elena Sofia Ricci e Serena Grandi sono le uniche divagazioni sexy su una tematica storica che volge a commedia. Meno ispirato e originale de In nome del Papa Re e spesso ripetitivo nelle caratterizzazioni, ma resta un buon film.
Nemici d’infanzia (1995) nasce come romanzo scritto da Luigi Magni, quindi sceneggiato per il cinema da Carla Vistarini e vincitore di un David di Donatello. Non è un lavoro memorabile, nonostante il premio. Interpreti: Paolo Murano, Renato Carpentieri, Giorgia Tartaglia, Nicola Russo, Elena Berera, Elodie Trecani, Gregorio Gandolfo e Luigi Diliberti. Siamo nella Roma del 1944, il dodicenne Paolo si divide tra l’amicizia per la coetanea Luciana e l’ammirazione per l’invalido Corsini. A un certo punto scopre che quest’ultimo è un torturatore fascista che deve uccidere il padre di Luciana. La pellicola soffre un’evidente mancanza di mezzi ed è molto ideologica, oltre a essere recitata in maniera scolastica. Troppo retorico.
Esercizi di stile (1996) è un film a episodi girato da un plotone di registi: Francesco Laudadio, Luigi Magni, Lorenzo Mieli, Pino Quartullo, Alessandro Piva, Falero Rosati, Maurizio Dell’Orso, Dino Risi, Alex Infascelli, Sergio Citti, Volfango De Biasi, Cinzia Th Torrini, Claudio Fragasso e Mario Monicelli. Gli interpreti sono Elena Sofia Ricci, Massimo Wertmüller, Franco Diogene, Gloria Paul e Sal Borgese. Luigi Magni gira soltanto Era il maggio radioso, un divertente episodio pere raccontare la vicenda tragicomica di un reduce della Prima Guerra Mondiale che al ritorno trova la moglie monaca di un convento, perché non sperava più di rivederlo. L’idea di fondo è quella di portare al cinema gli Esercizi di stile di Raymond Queneau in quattordici episodi, che poi sarebbero quattordici modi diversi di dirsi addio in quattordici generi cinematografici diversi, dalla commedia al giallo, passando per horror, erotico, poliziesco e western. Il film delude per mancanza di stile e per approssimazione registica, anche se la breve commedia di Magni non è da disprezzare.
La carbonara (2000) è l’ultima incursione di Magni nella Roma papalina del 1825, meno riuscita delle precedenti ma pur sempre una discreta commedia storica. Interpreti: Lucrezia Lante della Rovere, Valerio Mastandrea, Fabrizio Gifuni, Claudio Amendola, Nino Manfredi, Alberto Alemanno, Pierfrancesco Favino, Andrea Garinei e Marina Lorenzi. Siamo nel 1825: Cecilia (Lante della Rovere) ritrova nello stesso giorno il primo amore (Gifuni), condannato a morte dal Papa per carboneria, e il marito (Mastandrea), che non era stato ucciso dai banditi ma si era fatto frate. Nino Manfredi è un bravissimo cardinale romano, disilluso e scettico, che interviene per aiutare la donna nei problemi sentimentali. Ci mette lo zampino anche un miracolo divino e al tempo stesso si cercano di risolvere i molti guai politici. Magni scrive e dirige un film nelle sue corde, ma il soggetto è fiacco, ricicla molti temi in passato affrontati con maggior freschezza e cerca di attualizzarli. La bella Lucrezia Lante della Rovere fa la locandiera ed è carbonara nel senso degli spaghetti, perché la sua trattoria si chiama con il nome del noto piatto romano. “A Roma tutti si fanno comprare”, insiste Magni come leitmotiv della pellicola e il collegamento con la corruzione contemporanea pare evidente.
Luigi Magni conclude la sua carriera con il televisivo La notte di Pasquino (2003) che ripercorre la vecchia tematica storica e può considerarsi un addio alla macchina da presa, perché dopo la morte di Nino Manfredi (2004), il suo attore prediletto, non vuole più girare film. Luigi Magni è un regista che dimostra la grandezza del nostro cinema popolare. Resta il cantore del periodo risorgimentale. da un punto di vista anticlericale, capace di raccontare la storia romanzando eventi e creando personaggi memorabili. Il tono del suo cinema è comico, spesso da farsa, in ogni caso nei limiti della commedia all’italiana, che a tratti presenta aspetti erotici, mai predominanti. Magni usa l’anticlericalismo per compiere un discorso sul potere, per criticare ogni dittatura o regime assoluto che sfrutta l’ignoranza della gente per dominare i propri simili. Roberto Poppi scrive sul Dizionario dei Registi Italiani: “Acuto osservatore del costume e della politica italiana ottocentesca vista attraverso i non facili rapporti tra i sostenitori del liberalismo e il potere ecclesiastico, schierandosi a favore dei primi e criticando con grande veemenza anticlericale i secondi”. Magni di solito gira film ambientati in un’altra epoca, ma cerca sempre di attualizzare il messaggio politico e di renderlo contemporaneo. Si ricorda il suo cinema anche per le perfette ricostruzioni della Roma papalina, effettuate a Cinecittà e in alcuni casi tra le antiche rovine di molte città italiane (Pompei, Paestum…). Nel 2008 riceve il David di Donatello alla carriera per celebrare i suoi ottant’anni di attività come regista. Muore il 27 ottobre 2013.
Gordiano Lupi
http://cinetecadicaino.blogspot.com.ar/2013/10/luigi-magni-il-cantore-della-roma.html

lunes, 28 de octubre de 2013

Rivelazioni di un maniaco sessuale al capo della squadra mobile - Roberto Bianchi Montero (1972)


TITULO ORIGINAL Rivelazioni di un maniaco sessuale al capo della squadra mobile
AÑO 1972
IDIOMA Italiano
SUBTITULOS Inglés (Separados)
DURACION 95 min.
DIRECCION Roberto Bianchi Montero
GUION Luigi Angelo, Roberto Bianchi Montero, Italo Fasan
MUSICA Giorgio Gaslini
FOTOGRAFIA Fausto Rossi
REPARTO Farley Granger, Sylva Koscina, Silvano Tranquilli, Chris Avram, Jessica Dublin, Annabella Incontrera, Femi Benussi, Krista Nell, Angela Covello, Fabrizio Moresco, Andrea Scotti
PRODUCTORA Produzioni Cinematografiche Romane (P.C.R.)
GENERO Drama. Intriga. Thriller | Crimen. Giallo. Asesinos en serie. Policíaco. Slasher. Erótico

SINOPSIS La policía sigue la pista de un psicópata que está matando a mujeres jóvenes y bonitas. Tan sólo hay una conexión en las muertes: todas ellas fueron infieles a sus maridos... (FILMAFFINITY)

Ejemplar ultramontano, de encanallado moralismo y ejemplar hipocresía/cinismo este título facturado a brochazos, cuchilladas y golpe de desnudo por el estajanovista Roberto Bianchi Montero (o solo Bianchi o solo Montero) podría adscribirse dentro de una especie de corriente pesimista del giallo que alcanzó sus mejores ejemplos, precisamente durante el arco 1971/72 gracias a trabajos de otoñal belleza plástica, sordidez doliente y derrota vital donde se adscribirían trabajos como El día negro de Luigi Bazzoni, ¿Quién la ha visto morir? de Aldo Lado, Sumario sangriento de la pequeña Stefania de Tonino Valerii o incluso la comentada en anteriores entregas ¿Qué habéis hecho con Solange? de Massimo Dallamano. Con ellas comparte una cierta impronta y de ellas resulta declinación cejijunta por la vía de extremar las peores pulsiones del género, su vertiente más pulposa y demagógica, tanto a través de su indisimulado tratamiento explotation con respecto al sexo y la violencia, como por envolver un discurso ideológico aberrante, que culmina en uno de esos finales solo posibles en el más demencial cine de los 70: tras perseguir incansablemente a un asesino de adúlteras el inspector Capuana, un patético Farley Granger,  descubre su identidad, pero antes de detenerle permite que este ejecute a la última perdularia, que no es otra que la propia esposa del policía.
Curtidísimo realizador, tratante de películas de género de todo gusto y condición y ya enfocando su última etapa centrado en erotismo, Bianchi Montero filma sin gusto pero con desfachatez una historia provinciana en todos sus aspectos, que por un lado recupera casi de manera enternecedora  la más venerable ortodoxia “baviana” -el asesino está caracterizado tal y como el de Seis mujeres para el asesino: gabardina, sombrero y guantes negros, además de rostro borrado por una malla en jugosa simbología múltiple-, apura ciertos aspectos entorno al sempiterno voyeurismo que vehicula gran parte de la fascinación del género -los amantes son contemplados y fotografiados por el asesino antes de actuar- y por otro anuncia ya la inminente brutalización en todos los órdenes que pronto experimentara el giallo: progresiva grosería sexual (el indescriptible Luciano Rossi personificando a un forense descaradamente necrófilo) desnudos a mansalva y escenas de folleteo sin cuento, total descuido formal, negligencia plástica, ausencia de atmósfera…
Así y todo el film se deja ver, aunque solo sea por comprobar los alegres niveles de delirio y/o bajeza capaces de ser alcanzados en pos de exprimir un filón comercial. De tal modo, y a la amoral manera del film mismo, podemos disfrutar con un desfile de bellezas dispuestas al macelo conformado nada menos que por Susan Scott, Annabella Incontreta, Krista Nell, la siempre voluptuosa Femi Benussi, víctima del mejor crimen del film, aquel que tiene absurdamente lugar en un playa (sic.) y claro está la esposa del héroe encarnada por la distinguida Sylva Koscina.
http://esbilla.wordpress.com/2011/06/11/amarillo-en-el-color-vol-3-il-mostro-di-venezia-crimen-en-la-residencia-rivelazioni-di-un-maniaco-sessuale-al-capo-della-squadra-mobile-siete-orquideas-manchadas-de-rojo-el-asesino-ha-reserv/
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Rivelazioni di un maniaco sessuale al capo della squadra mobile è cosceneggiato da Roberto Bianchi Montero, prolifico regista la cui carriera abbraccia cinque decenni. Suo figlio, Mario Bianchi, è il regista, tra i molti, di La bimba di Satana. Il direttore della fotografia è quel Fausto Rossi i cui lavori precedenti comprendono Diario segreto da un carcere femminile di Rino Di Silvestro e Amore libero – Free Love di Ludovico Pavoni. Le musiche sono opera di Giorgio Gaslini, conosciuto per parte della colonna sonora di Profondo rosso di Dario Argento. Tra i tanti titoli alternativi per il mercato americano, oltre a quello forse più conosciuto So Sweet, So Dead (usato per questa edizione in DVD), Revelations of a Sex Maniac to the Head of the Criminal Investigation Division, The Slasher …is the Sex Maniac! e Penetration, usato per una versione con scene porno.
Il giallo è tra i tanti generi del cinema italiano, quello più resistente al trascorrere del tempo. Il genere trova la sua origine in Sei donne per l’assassino (1964) di Mario Bava, un film che, secondo molti critici, contiene tutti gli elementi del genere nella sua forma moderna.
Il genere raggiungerà il suo apice tra la fine degli anni ‘60 e i primi ’70 con L’uccello dalle piume di cristallo di Dario Argento a dare la stura a innumerevoli imitazioni. Nel momento in cui Bianchi Montero gira Rivelazioni di un maniaco sessuale al capo della squadra mobile, il genere è già in declino. Sebbene il regista avesse attraversato tutti i generi del cinema, questa rappresenta la sua unica incursione nel giallo.
Il tono morboso dell’opera è fissato sin dalla prima scena, in cui il cadavere insanguinato di una donna è circondato da poliziotti in cerca di indizi. Lungo tutto il film la camera indugerà sui cadaveri nudi delle vittime. Putroppo, però, le uccisioni non sono brutali come ci si potrebbe aspettare da un film morboso e torbido come questo. Al contrario, appaiono spesso maldestri.
Il film presenta molti tra gli archetipi del genere: un assassino (il cui abbigliamento ricorda quello del killer di Sei donne per l’assassino) dai guanti neri, false piste (alcune più ovvie di altre), omosessualità e poliziotti inetti. Uno degli aspetti in cui il film diverge da gran parte dei gialli dell’epoca riguarda il fatto che il personaggio principale è il poliziotto che investiga e non un investigatore improvvisato.
Nel film, molti nomi conosciuti come quello di Nieves Navarro (La morte accarezza a mezzanotte di Luciano Ercoli), Femi Benussi (L’assassino è costretto a uccidere ancora di Luigi Cozzi), Annabella Incontrera (Perché quelle strane gocce di sangue sul corpo di Jennifer? di Giuliano Carnimeo), Sylva Koscina (Sette scialli di seta gialla di Sergio Pastore) e Luciano Rossi in una interpretazione delirante del personaggio di Gastone, assistente patologo.
Molto del film si poggia sulle spalle del personaggio dell’ispettore Capuano, efficacemente interpretato da Farley Granger, che si fece conoscere con Rope (Nodo alla gola) e Strangers on a Train (Delitto per delitto) di Alfred Hitchcock. Negli anni ‘70, appare in numerosi film italiani tra cui Lo chiamavano Trinità… di Enzo Barboni, Alla ricerca del piacere di Silvio Amadio e La polizia chiede aiuto di Massimo Dallamano.
Si può dire che Rivelazioni… apporti qualcosa di nuovo al genere giallo? No. Però, malgrado appaia come già visto, il film funziona bene per come sfrutta gli stereotipi del genere.
http://www.rapportoconfidenziale.org/?p=7839


Rivelazioni di un maniaco sessuale al capo della squadra mobile (conosciuto nei paesi anglosassoni come So Sweet, So Dead) è un mediocre giallo all’italiana che strizza l’occhio al poliziesco, diretto nel 1972 da Roberto Bianchi Montero; la trama prevede i classici delitti compiuti dal tipico assassino à la Bava (Sei donne per l’assassino) – con tanto di guanti di pelle, impermeabile, cappello, calzamaglia sul volto e coltellaccio in mano – e un temerario (?) ispettore che indaga. Montero è di gran lunga più avvezzo al genere mondo e a quello pseudo-erotico, e non è un caso se persino in Rivelazioni di un maniaco sessuale al capo della squadra mobile si dia più importanza ad indugiare con la mpd sui nudi femminili (specialmente post-mortem) piuttosto che ad ottenere una parvenza di tensione, che in un film che ha la pretesa di etichettarsi come un thriller non guasterebbe.

Trama:
L’ispettore Capuana (Ferley Granger) indaga su un misterioso assassino che va in giro per la città a punire le mogli fedifraghe, accoltellandole al petto e uccidendole; prima di andarsene lascia sul posto, accanto al cadavere delle donne, le foto dei loro incontri con i rispettivi amanti. Al suo fianco c’è l’anotomo-patologo Casali (Chris Avram) e il suo aiutante Gastone (un platinatissimo Luciano Rossi), il quale lavora come ricucitore e truccatore di cadaveri. L’insana passione di quest’ultimo per il suo mestiere lo rende ovviamente il primo indiziato agli occhi di Capuana, ma Casali garantisce per la sua innocenza. Intanto i delitti si susseguono e i sospetti di Capuana si concentrano su un avvocato la cui moglie è appena stata uccisa su un treno; quest’ultimo non ha un vero e proprio alibi (era a trovare l’amante ma non la racconta giusta a Capuana, d’accordo con il sovrintendente di quest’ultimo).
Capuana è sempre più frustrato dalle ricerche, dal momento che è ormai chiaro che si tratti di un maniaco sessuale praticamente impossibile da rintracciare e riconoscere a viso scoperto. Tuttavia incredibilmente la questura riceve l’auto-denuncia di quello che dice di essere l’assassino: inutile dire che si rivelerà semplicemente un mitomane, ma Capuana riuscirà a volgere la situazione in suo favore facendo credere alla stampa di aver catturato il vero assassino. Così facendo, Capuana intende pungolare l’orgoglio del vero responsabile dei delitti, il quale infatti casca nella trappola tesa da Capuana e gli telefona, facendosi rintracciare, dicendogli tra l’altro che la prossima sua vittima sarà proprio la moglie di Capuana, Barbara.
Giunto a casa del killer, Capuana trova diversi articoli di giornale che parlano di un incidente avvenuto diversi anni prima in cui una ragazza e un ragazzo, amanti, morirono; a riconoscere la ragazza venne chiamato il marito, che appunto per questo trauma adesso ha deciso di lasciarsi alle spalle una scia di sangue. Capuana arriva sul luogo del delitto appena in tempo per salvare la moglie, ma volutamente rimane a guardare dalla finestra e lascia che Barbara venga uccisa. Quindi entra e, scoperta l’identità del killer nella persona del suo assistente Casali, con un colpo di pistola lo fredda, quindi chiama in questura per costituirsi.

Commento:
Zero tensione e tante tette (il più delle volte sanguinolente) per questo gialletto che lascia l’amaro in bocca. Rivelazioni di un maniaco sessuale al capo della squadra mobile tentenna sin dall’inizio, facendo seguire al primo omicidio una retata e una schedatura in serie di una serie di prostitute, marchettari e travestiti (ma perché?). Poi la narrazione continua non senza inciampi, quasi come se Montero si accontentasse di servire allo spettatore un omicidio con nudo femminile annesso ogni tot minuti, senza curarsi davvero né di supportare i delitti con delle indagini avvincenti né di creare una seppur minima parvenza di suspance. Persino i delitti annoiano, essendo tutti uguali – l’unica eccezione è quello di Femi Benussi, che viene rincorsa su una spiaggia e poi braccata e uccisa, il tutto girato al rallenty (tra l’altro la stessa Benussi verrà assoldata per spogliarsi e farsi massacrare dopo aver dato mostra delle sue grazie anche in Nude per l’assassino di Andrea Bianchi, del 1975).
Anche se il finale inaspettato (ma non troppo) riesce in qualche modo a dare un senso al film e connotando l’assassino non come un anonimo maniaco sessuale ma bensì come un folle colpito da un trama nel passato – cliché del giallo all’italiana, almeno questo applicato decentemente – bisogna anche ammettere che praticamente per quasi tutta la durata della pellicola il resto è noia. Montero si aggrappa (figuratamente parlando) alle tette delle sue attricette, che effettivamente sono uno stuolo mica indifferente di bellezze (Silvia Koscina, Femi Benussi, Kristina Neill, Annabella Incontrera e Susan Scott), ma è chiaro che non possono giustificare da sole con i propri nudi un film di questo genere. Tra gli attori il protagonista Granger sembra regolarsi in base alla validità del film stesso, risultando anch’egli spento e monoespressivo; un po’ meglio Avram, che comunque non eccelle; molto interessante invece l’interpretazione di Luciano Rossi nei panni di un maniaco per così dire inoffensivo ma comunque inquietante.
In definitiva dunque i problemi principali di Rivelazioni di un maniaco sessuale al capo della squadra mobile sono una pressoché totale assenza di tensione e una pochezza imperdonabile di trama e dialoghi. A ciò si aggiungono altri problemi minori, ma comunque facilmente rintracciabili: la fotografia è sotto la media rispetto ai film usciti in quegli anni dello stesso genere, la colonna sonora di Giorgio Gaslini ha il merito di essere un po’ morriconiana ma si ripete sempre uguale, la recitazione degli attori è quello che è; inoltre per dirla tutta il plot – e soprattutto l’ultima scena – ha un che di maschilista e misogino, ragion per cui di certo non potrà conquistarsi facilmente la simpatia del pubblico femminile. Ma d’altra parte un film (pseudo)thriller in cui il particolare più in rilievo sono le tette delle attrici per che target dev’essere stato pensato? Concludendo, Rivelazioni di un maniaco sessuale al capo della squadra mobile è mediocre sia nella vicenda che nella realizzazione, e di conseguenza se ne consiglia la visione ai soli fanatici del genere.
http://bmoviezone.wordpress.com/2011/01/06/rivelazioni-di-un-maniaco-sessuale-al-capo-della-squadra-mobile-1972/