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miércoles, 13 de enero de 2021

Fuga in Francia - Mario Soldati (1948)

TÍTULO ORIGINAL
Fuga in Francia
AÑO
1948
IDIOMA
Italiano
SUBTÍTULOS
Español e Inglés (Separados)
DURACIÓN
100 min.
PAÍS
Italia
DIRECCIÓN
Mario Soldati
GUIÓN
Ennio Flaiano, Carlo Musso, Mario Soldati
MÚSICA
Nino Rota
FOTOGRAFÍA
Domenico Scala (B&W)
REPARTO
Folco Lulli, Enrico Olivieri, Rosi Mirafiore, Pietro Germi, Mario Vercellone, Giovanni Dufour, Cesare Olivieri, Gino Apostolo, Gianni Luda, Mario Soldati
PRODUCTORA
Lux Film
GÉNERO
Drama | Crimen

Sinopsis
Tras terminar la segunda guerra mundial, el criminal fascista Riccardo Torre (del que pende una orden de busca y captura) trata de escapar clandestinamente con su hijo hacia Francia. Tras hacer una parada el tren en el que viajan, se apean para cenar algo en un restaurante. Allí es reconocido por la camarera. (FILMAFFINITY)
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«Fuga in Francia non è il soggetto che volevo fare io. È stato un soggetto rimediato, arrangiato alla meglio, perché noi avevamo chiesto al produttore, che era Ponti, che ci mandasse, io, Flaiano e Musso, i tre sceneggiatori, a stare due mesi a Bardonecchia a inventare il soggetto, e a scriverlo. In fondo si trattava non so, di pagare alloggio e vitto a tre persone per due mesi. Non era niente, il produttore non si è sentito di fare questa spesa, e noi abbiamo dovuto inventare il soggetto alla meglio».
Mario Soldati
 
"Come scrittore, ho sempre sfruttato la mia esperienza di regista. Per me l’esperienza delle esperienze, quella che posso definire decisiva e incisiva, è stata il cinema e non la letteratura. I miei romanzi, lo posso facilmente riconoscere, sono dei film già belli e fatti. In essi la macchina da presa non fa che completare e illustrare l’opera dello scrittore".
"Quando tornai dall’America, dove mi ero sposato, mi trovai di fornte al fascismo imperante. Io non ero iscritto al partito. E per me l’unica strada possibile era quella del cinema. Con questo non voglio dire che la cinematografia non fosse controllata; ma il controllo era solo sulla produzione, non a livello di regia. [Â…] In molti romanzi sono stato aiutato dalla mia esperienza di regista.  Ho raccontato queste mie esperienze e conoscenze nell’Attore e in molte novelle e racconti".
Soldati ad Anna Maria Rotoli, 5 aprile 1978 (in Soldati, a cura di Massimo Grillandi, 1979)

Dopo la Liberazione, un fascista in fuga verso il confine francese viene raggiunto dal figlioletto. Un progetto di film sull’emigrazione (che poi farà con Il cammino della speranza Pietro Germi, il quale qui interpreta uno dei protagonisti) si trasforma in una parabola sul male del fascismo visto con gli occhi di un bambino. Un’avventura in cui Soldati regista riversa il suo grande amore per Stevenson.
Se all’epoca il film poté sembrare un tentativo da parte del ‘calligrafo’ Soldati di aderire alla moda del cinema resistenziale e neorealista, oggi ne appare evidente piuttosto un’ispirazione barocca, noir, che lo avvicina al miglior cinema hollywoodiano del decennio, con certi toni che a molti hanno richiamato il cinema di Orson Welles.
Nella virtuosistica scena dell’osteria, addirittura più vicina a certe atmosfere di Sternberg che a Rossellini, campeggia una figura candida, Pierina, che ricorda certi incantati ritratti femminili del Soldati narratore: “Qui il regista muove la macchina con l’abilità di un grande coreografo e definisce un ambiente, i suoi valori, e perfino una lingua. È la cosa più bella che il cinema italiano abbia dato sul Piemonte e sul mondo della montagna, un ammirevole esercizio di regia e di psicologia sociale, guidato dalla curiosità e dalla limpidezza di un ‘occhio’ che sa fissare un mondo con una luce che è appunto montanara, piemontese, e di confine” (Goffredo Fofi).
In questo film in cui dimostra ancora una volta la sua grande abilità nell’uso dei set, Soldati mostra un’Italia desolata, fatta di solitudini, priva di scene di massa, in cui lo scontro tra i fantasmi del fascismo e la tensione etica della nascita della nuova Italia si svolge nei toni di un doloroso e avvincente teatro morale, popolato di colpevoli, perdenti, reietti. E attraverso il loro viaggio Soldati riesce a mostrare, come pochi registi dell’epoca, la rinascita di un sentimento di solidarietà umana.
https://festival.ilcinemaritrovato.it/film/fuga-in-francia/
 
 
Que nadie nombre a Mario Soldati en los tiempos que corren no me sorprende pero a la vez me preocupa, el director italiano, con 34 películas en su haber, tiene films con un halo misterioso como Malombra en 1942 y algún producto más convencional como La donna del fiume (La chica del río, 1954) y sale muy bien parado. Para mí este director es un referente en el cine italiano de segunda línea que posee una cinta que es de primera y que supera con creces a films de directores italianos más reconocidos de su misma época. Estoy hablando de Fuga in Francia (1948).
Justo después de acabar la Segunda Guerra Mundial, el criminal fascista Riccardo Torre intenta escapar a Francia ya que es perseguido y hay una recompensa de 10.000 liras por su cabeza. En el trayecto hacia la frontera francesa ocurrirán varios hechos que confirmarán la decadencia del personaje, su maldad y la capacidad de convencer a la gente que poseen estos líderes de la ultraderecha. Su hijo pequeño, por un azar, le acompañará en el viaje. Este trayecto emprendido por padre, hijo y varios hombres más que encuentran en una cantina será un viaje hacia la verdad, una odisea en la que Fabrizio descubrirá la auténtica naturaleza de su padre, un asesino que en palabras de Tembién, interpretado por Pietro Germi (uno de los hombres con los que intentan alcanzar la soñada Francia), mandó asesinar multitud de personas inocentes sin despeinarse, entre ellas su hijo. El personaje de Riccardo Torre cae mal desde el comienzo de la película, la fisionomía del actor, Folco Lulli, ayuda a odiar a ese personaje que tiene un hijo y reniega de su compañía, un hombre que busca el interés propio por encima de cualquier cosa, un hombre que es capaz de hacer lo que sea por salvar su cuello, de matar sin inmutarse.
Mario Soldati no nos manda mensaje en su cinta, tan solo evidencia cómo actúan esta clase de líderes fascistas tipo Hitler o Mussolini, gente que es capaz de convencer a la masa también en situaciones límite: varias veces Torre se sale con la suya incluso con una pistola en la cabeza, y por supuesto teniendo que sacrificar lo que sea, la vida de su hijo inclusive. Por otra parte tenemos la antítesis en el personaje de Pietro Germi (director de grandes obras como El ferroviario o Un maldito embrollo). A Germi se le da bien ponerse delante de la cámara y Soldati le da uno de los mejores personajes que yo haya visto en pantalla, un sujeto bueno, honrado y sencillo que en el cine actual no abunda, de hecho estamos viviendo una época de personajes canallas tipo Lorne Malvo o Rust Cohle en series actuales y que gustan mucho. Germi también tiene escenas que dan un respiro al film, momentos musicales parecidos a los de John Ford, que cuando quería paraba la película y nos deleitaba. Este recurso Germi lo utilizará en El ferroviario.
Quizás esta película de Soldati no sea la mejor técnicamente hablando, de hecho hay varias escenas en las que el montaje se precipita y no vemos bien lo que ocurre, la fotografía puede que no sea una maravilla (tampoco lo necesita), pero sabe llegar dentro, sabe emocionar y compite en mi opinión con las dos películas italianas de ese año 48, Alemania, año cero y Ladrón de bicicletas. Mención aparte merece la música del maestro Nino Rota, posiblemente entre los 3 o 4 mejores compositores de la historia del celuloide y que en los momentos clave da ese toque épico y sensible al film. Que el guión sea excepcional tampoco es casualidad y se lo debemos a la inestimable ayuda de Ennio Flaiano, guionista de Las noches de Cabiria, 8 y medio, La dolce vita y co-escritor en El verdugo y Calabuch, lo que denota que no estamos hablando de una simple película, hay mucho hombre talentoso dentro y por supuesto se hace notar.
Esta cinta de aventuras, como también podría denominársele, sabe mantener la tensión desde el minuto uno. Los lugares elegidos por Soldati para que el film avance son perfectos: el tren (con el usual revisor pidiendo billetes), la cantina (con las miradas de extraños que creen conocer al criminal y donde es reconocido por la camarera), la habitación de la misma (con una prodigiosa escena), las montañas, la cabaña de la montaña y por fin la ansiada frontera francesa. No quiero desvelar ningún acontecimiento porque un spoiler en esta película reduciría considerablemente el clímax, pero no puedo dejar de nombrar dos escenas que son importantes para la cinta. La primera es al comienzo cuando llevamos unos 10-15 minutos y que hará que Fabrizio en lugar de perder un padre gane otro. Riccardo Torre coge el autobús que le llevará a la estación para tomar el tren y posteriormente llegar a Francia, su hijo se sube al autobús y su padre prevé que no es una buena idea cuando decide echarlo del mismo, pero en ese instante aparece por la parte izquierda de la pantalla de Soldati una pareja de policías y vuelve a readmitirlo. Este hecho que puede parecer simple, o que no entrañe más que miedo a que lo atrapen hará que Fabrizio tenga un futuro mejor, fuera de los muros del orfanato donde estaba y que este film trascienda en su final. La otra escena a resaltar es en la cabaña de la montaña en la que el director con un acordeón, un periódico y una canción nos enseña cómo se puede ser capaz mediante la puesta en escena y los objetos (tan importantes en el cine clásico) de saber una verdad, la verdad de Riccardo Torre.
No quiero alargarme más, si bien he intentado no desvelar casi nada de la historia, tan solo he procurado comentar con humildad las claves de esta gran película para un servidor, consciente que me he dejado por comentar varias ideas de guión que me parecen magníficas y solo me queda añadir que disfruten de esta sencilla historia que no se les borrará de la memoria y que hará mejores personas a quienes se atrevan a disfrutarla.
Aitor Lucerón
https://www.cinemaldito.com/fuga-en-francia-mario-soldati/ 
 
Le varie vulgate sulla storia del cinema – o anche di conseguenza la pigrizia mentale del singolo studioso/critico/spettatore – tendono a semplificare le linee e le tendenze. Così ad esempio il neorealismo è il cinema della nostra ricostruzione, la scaturigine di una stagione epocale. Negarlo sarebbe risibile, però in contemporanea – in ogni cinematografia – è sempre possibile trovare delle possibili linee alternative (delle linee di fuga?), non necessariamente da vedere in contrapposizione. Dunque un film come Fuga in Francia, realizzato da Mario Soldati nel 1948 e sceneggiato tra gli altri da Emilio Cecchi, Cesare Pavese ed Ennio Flaiano, avrebbe potuto segnare un percorso diverso del nostro sistema cinematografico, capace ipoteticamente di stravolgerne la storia, o quantomeno di ‘ispessirla’ e di stratificarla.
Infatti, Fuga in Francia è un capolavoro impressionante del cinema noir, che riprende la tradizione del cinema americano (soprattutto nella declinazione datagli in quegli anni da Fritz Lang), ma che allo stesso tempo è capace di radicarne motivi, segni e codici nel tessuto dell’Italia dei primi anni della ricostruzione. Se dunque qualcuno avesse seguito questo esempio inusuale e inusitato, avremmo avuto a partire dagli anni Cinquanta un diverso cinema di genere, non direttamente figlio della Hollywood sul Tevere e quindi apertamente ‘di consumo’ (come i peplum), quanto filtrato dalla rivisitazione intellettuale del codice narrativo per eccellenza più ambiguo e amorale (il noir, per l’appunto). Ma si fa dell’ipotetico storicismo…
Quel che si spera allora è di ‘ritrovare’ davvero questo film, che è stato presentato alla trentesima edizione del Cinema Ritrovato nell’ambito dell’omaggio dedicato a Mario Soldati. ‘Ritrovarne’ – al di là di questa riproposta bolognese – il senso, la forza e l’attualità, sia stilistica che politica.
Soldati innanzitutto ci stupisce scegliendo come protagonista un personaggio negativo ed enigmatico, in un modo in cui nel nostro cinema forse solo il Fernando Di Leo di Milano Calibro 9 è riuscito a fare. L’ex partigiano, noto caratterista (tra cui in La grande guerra) e autore di un unico film da regista (Gente d’onore del 1967), Folco Lulli interpreta un gerarca fascista in fuga dall’Italia della ricostruzione, condannato a morte per crimini di guerra. Ma nella fase iniziale del film noi vediamo Riccardo Torre (questo il nome del personaggio) con gli occhi di un bambino, suo figlio che scappa dal collegio e vuole seguirlo in Francia. Quindi, pur ammantato di ambiguità e di doppiezza, l’uomo ci appare come un padre discretamente premuroso, con cui è inevitabile identificarsi. Ma quando i due arrivano a Oulx, in alta Val di Susa, a pochi chilometri dal confine, le cose si complicano. Nella locanda in cui passano la notte, Torre viene infatti riconosciuto dalla cameriera, che era un tempo la sua donna di servizio. La ragazza vorrebbe comunicare la notizia forse ai tre ragazzi pronti anche loro a espatriare oltralpe, ma ‘solo’ per guadagnarsi da vivere, o forse al carabiniere locale che le “fa il filo”.
In questa lunga sequenza Soldati riesce a costruire una tensione quasi insostenibile, giocando con abilità magistrale sull’uso degli spazi (la cucina sul retro, i tavoli ai diversi lati della locanda, il gioco di sguardi) e su una serie di elementi scenici la cui importanza verrà svelata solo più avanti (il giornale dove è stampata la foto del ricercato Riccardo Torre).
Finita questa sequenza ci sarebbe già da dirsi soddisfatti, e invece un’altra notevole qualità di Fuga in Francia sta nel fatto di saper ‘ricostruire’ ogni volta la tensione, in situazioni e momenti diversi, con sottilissimi slittamenti comportamentali dei personaggi. Tutto questo, fino all’apice: l’ex caserma tra i monti innevati del Piemonte, dove Torre, il figlio e i tre ragazzi si trovano a fare i conti con la loro vera personalità.
E qui accade l’impensabile: uno dei tre giovani comincia a suonare la sua fisarmonica e, mentre canta Comme facette mammeta, vede il giornale e capisce chi è veramente Torre. La canzone continua, Torre si accorge di essere stato riconosciuto, e i due iniziano un surreale e insieme tesissimo gioco di sguardi e di balletti. Al di là della riuscita della scena, che è sbalorditiva, non può non venire in mente la situazione incredibilmente simile che segna il turning point narrativo di The Hateful Eight, con Jennifer Jason Leigh che, mentre suona la chitarra, attende speranzosa che Kurt Russell beva il caffè avvelenato. Come dire, ancora una volta Tarantino ci stupisce con la sua onnisciente cinefilia.
Ma le sorprese di Fuga in Francia non finiscono qui. Ci viene infatti il sospetto che persino Orson Welles abbia preso qualcosa da questo film di Soldati, con particolare riferimento all’iconografia di Riccardo Torre/Folco Lulli che è somigliante in maniera quasi letterale all’Akim Tamiroff di Mr. Arkadin. In quel film del 1955 Tamiroff interpreta un personaggio che è sopravvissuto ai rovesci della guerra e che ha evidentemente anche lui un passato di nazi-fascista; non a caso nella soffitta in cui abita c’è un ritratto di Hitler buttato a terra. D’altronde Welles arriva in Italia proprio nel ’48 e dunque è molto probabile che abbia visto Fuga in Francia. E addirittura certe atmosfere da thriller picaresco che connotano il film di Soldati sembrano essere riecheggiate in Mr. Arkadin, che è anch’esso – anche se più o meno indirettamente – dedicato alla difficile ricostruzione post-bellica, in questo caso non solo italiana, quanto europea.
Ci sarebbe tanto altro da dire su Fuga in Francia, dal brillante uso del dialetto piemontese alla sempre efficace scelta degli spazi scenici (non solo la locanda e l’ex caserma sui monti, ma anche la modesta stanzetta della cameriera o il gabbiotto al di là del confine), passando anche per la coralità del racconto che si focalizza in maniera naturale quanto precisissima ora su uno ora un altro personaggio (e tra gli interpreti c’è anche Pietro Germi), senza dimenticare – ancora – la progressiva presa di coscienza del figlio del gerarca (percorso che va letto come lo sguardo della giovane nazione che si trova a guardare il proprio paese con occhi diversi e che, in questo caso, è molto simile al leitmotiv neorealista del ‘i bambini ci guardano’). Ma per ora basti di nuovo sottolineare che da Fuga in Francia hanno probabilmente preso ispirazione in tempi diversi, sia Orson Welles che Tarantino. Che aspettiamo a farlo anche noi?
Alessandro Aniballi
https://quinlan.it/2016/07/01/fuga-in-francia/
 



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