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martes, 16 de febrero de 2021

Il giovane favoloso (Leopardi) - Mario Martone (2014)

 

TÍTULO ORIGINAL
Il giovane favoloso (Leopardi)
AÑO
2014
IDIOMA
Italiano
SUBTÍTULOS
Español e Italiano (Opcionales)
DURACIÓN
137 min.
PAÍS
Italia
DIRECCIÓN
Mario Martone
GUIÓN
Mario Martone
MÚSICA
Sascha Ring
FOTOGRAFÍA
Renato Berta
REPARTO
Elio Germano, Isabella Ragonese, Michele Riondino, Edo Natoli, Massimo Popolizio, Anna Mouglalis, Valerio Binasco, Paolo Graziosi, Alessandro Lombardi, Iaia Forte, Renato Carpentieri, Roberto De Francesco, Mattia Sbragia
PRODUCTORA
Palomar, RAI
GÉNERO
Drama | Siglo XVIII. Literatura. Biográfico

Sinopsis
Relata la breve vida del poeta Giacomo Leopardi, desde la Recanati de la biblioteca paterna hasta la Nápoles del cólera. “Il giovane favoloso” es un drama biográfico sobre el poeta y filósofo italiano, que vivió en la era del Romanticismo con un enorme interés por conocer la naturaleza humana y explorar el mundo. Desde su nacimiento, Leopardi tuvo que convivir con enfermedades, y finalmente una de ellas se llevó su vida prematuramente. (FILMAFFINITY)

Premios
2014: Festival de Venecia: Sección Oficial
2014: 5 Premios David di Donatello, incluyendo mejor actor (Germano). 14 Nom.
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3 

ENCIERRO MELANCÓLICO

Libre. Así se siente Giacomo cuando juega con sus hermanos más pequeños en el jardín de la casa, cuando se esconden, comparten secretos, ríen; en la veneración de la ingenuidad propia de la infancia y de su goce. Pero dicha plenitud le será negada en la adultez, donde su cuerpo deformado por numerosas enfermedades, ya casi no le corresponde, al igual que la libertad. Allí, por el contrario, su independencia se reduce a las disposiciones que su padre Monaldo considere adecuadas para él.

Por tal motivo, los hermanos Leopardi – pero sobre todo Giacomo en tanto primogénito– se someten a una vida de encierro y erudición. Ese aprisionamiento, tanto del ambiente como de su propio cuerpo malformado, provoca en él la necesidad de la escritura, de plasmar con la palabra su conciencia de mundo y de sí mismo, aunque sea de manera melancólica y pesimista.

El director napolitano Mario Martone realiza un gran trabajo para componer el encierro del poeta italiano del siglo XVIII desde los silencios, los secretos para con su padre y confiados a sus hermanos, las miradas de complicidad, el afuera que siempre se encuentra lejano y se percibe desde la ventana o, incluso, debido a la correspondencia o la llegada de un visitante (Pietro Giordani). Uno de los ejemplos por excelencia es el desdoblamiento de la escena donde el padre y el tío lo interrogan por su vano intento de escape. En un primer momento, se lo muestra a Giacomo mientras habla de forma pausada y casi monótona. De pronto, se lo ve vivo mientras arroja la silla al suelo y se apasiona defendiendo su reclamo de libertad. Entonces, se retoma su voz calma y la postura sumisa.

Sin embargo, estas operaciones no se continúan en el resto de Leopardi, el joven fabuloso. Por el contrario, tanto en su estancia en Florencia 10 años más tarde como la última parte en Nápoles, la película se vuelve bastante uniforme.

La primera duda es cómo Giacomo consigue finalmente irse de Recanati, su lugar de nacimiento, hacia Florencia. Jamás se sabe puesto que se resume con la leyenda “10 años más tarde”. De la misma manera, su familia queda relegada al olvido, con excepción de la parte donde escribe a su madre para pedirle una suma mensual, la breve reaparición del tío o la evocación de sus hermanos y la infancia tan querida.

Lo mismo ocurre con la introducción de un nuevo personaje: Antonio Ranieri, su amigo y confidente. Tampoco queda claro cómo se conocen ni el por qué de la devoción de Ranieri por su bienestar y el cuidado de la frágil salud del artista.

La mirada de Martone sobre el personaje se torna repetitiva y, en cierto punto, agobiante: si antes era su padre quien enmarcaba el estancamiento, ahora es el propio poeta quien se resiste al mundo sumido en el pesimismo. Giacomo jamás consigue la felicidad, ésta pareciera haber desaparecido con la adultez y ni siquiera sus versos logran aplacar la melancolía, por el contrario la subrayan.

Resulta curioso cómo una de las breves escenas de salón literario se vuelven como un guiño sobre este asunto: uno de los hombres manifiesta la importancia, belleza y dificultad del estilo pero que, al mismo tiempo, lo homogéneo produce aburrimiento.

En efecto, esta es la paradoja del director y de Leopardi, el joven fabuloso: se deja llevar por la melancolía pero no la construye desde lo poético o como estilo de autor, sino a través de la soledad, de la confrontación con la naturaleza o la exhibición de un cuerpo cada vez más enfermo. Ni siquiera se evidencia la fuerza de la concepción artística en los fragmentos donde Giacomo – presente o como voz en off – recita sus versos. Por el contrario, las palabras se diluyen y parecen dichas con pasividad, incluso desencanto.

Lo homogéneo se convierte, entonces, en el peor encierro de Leopardi… y lo devora de la misma manera en que la espalda de Giacomo se arquea cada vez más por el peso de la joroba. Según el poeta, existen dos cosas: la vida y la muerte. El problema del filme es haberse quedado en el medio de ambas y no decidirse por ninguna de ellas.

Brenda Caletti
http://cineramaplus.com.ar/critica-leopardi-el-joven-fabuloso-2014-de-mario-martone/

Típica “biopic” sobre una figura y su época

En la elegía “El primer amor” de su libro de canciones e idilios Canti, el conde Giacomo Leopardi (1798-1837) escribe: “Vive aquel fuego aún, vive el afecto,/ alienta en mi pensar la bella imagen/ de quien, si no celestes, otros goces/ jamás tuve, y sólo ella satisface”. Víctima de severas dolencias físicas –tuberculosis vertebral, entre otras– y, según afirman sus historiadores, una predisposición del alma romántica, melancólica y profundamente pesimista, Leopardi es uno de los poetas italianos más importantes del siglo XIX. Testigo del Risorgimento temprano desde su posición de joven noble en Recanati, pueblo del centro de Italia de unos 10.000 habitantes por aquellos años, escapó al dominio férreo de su padre para iniciar una carrera como escritor, filósofo y experto en lenguas antiguas en un derrotero que lo llevó a vivir en distintas ciudades: Roma, Boloña, Florencia. Las rimas precedentes, escritas a la edad de diecinueve años (mucho antes de eso fue niño estudioso y prodigioso), remiten a las secuelas que en su espíritu generaron la visita de una prima de su padre, amor temprano que, como el resto de sus pasiones románticas, fue rotundamente platónico.

¿Puede la potencia de los versos originales trasladarse al cine? En otras palabras, ¿es posible trasplantar un tipo particular de belleza y lirismo a otro medio? El realizador Mario Martone (Muerte de un matemático napolitano, Teatro de guerra) no parece tener la respuesta y se contenta con la lectura en off en varios pasajes del autor y algunos planos que muestran a su criatura en plena ensoñación bajo la sombra de un árbol u observando a una vecina plebeya mientras realiza tareas cotidianas. No tanto una reflexión histórica a partir de una vida y una obra como un típico film biográfico sobre una figura y sus tiempos, Leopardi, el joven fabuloso –presentada en la Competencia oficial del Festival de Venecia y un gran éxito de público en su país de origen– sufre de varios de los achaques de la biopic al uso: actuación central disciplinada y de fuerte carácter (cortesía de Elio Germano), abuso del diseño de arte y el despliegue de locaciones, concentración de escenas a la manera de un Grandes éxitos. En el caso de Leopardi..., además, el progresivo deterioro físico del protagonista termina transformándose casi en el centro excluyente del drama, una descripción reiterativa y finalmente estéril.

Martone coquetea con la cavilación sobre los turbulentos tiempos que le sirven de trasfondo pero, en casi todos los casos, se estanca en el comentario ilustrativo. Incluso el gradual escepticismo de Leopardi sobre todo lo religioso –en particular su práctica institucionalizada– y posterior conversión al ateísmo terminan relegadas al lugar de una simple nota al pie. Ganan los elementos más superficiales: el color de época, el sufrimiento como cliché ligado a la creación artística, la fuerza de ese maldito y poderoso vector qualité.
Diego Brodersen
https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/5-35772-2015-06-11.html

“Così ho pensato di andare verso la grotta, in fondo alla quale, in un paese di luce, dorme, da cento anni, il giovane favoloso”. Con estas palabras la célebre escritora italiana Anna Maria Ortese describía su peregrinación a la tumba donde yace sepultado Giacomo Leopardi, sin saber que, años más tarde, Mario Martone acuñaría su peculiar descripción del poeta para el título de un biopic sobre éste. Según apuntó Elio Germano, actor protagonista del film, en la entrevista que pudimos realizarle durante la Mostra de Cine Italiano de Barcelona, la adjetivación que emplea la novelista en su verso es un oxímoron en sí mismo, puesto que Leopardi nunca fue considerado en vida cual “joven fabuloso”. Como muestra Mario Martone en su último largometraje —presentado a competición en la pasada edición del Festival de Venecia—, el literato decimonónico fue una persona respetada por los círculos intelectuales porque era un gran erudito pero, al mismo tiempo, fue motivo de burla entre la alta sociedad por dos razones correlativas. La primera, por su extraña enfermedad degenerativa en la espina dorsal cuyo empeoramiento influyó en su personalidad, llevándolo hacia la melancolía y la misantropía. Y, la segunda, por su sombría sensibilidad, siempre presente en sus escritos, que pese a ser causada por su introspectivo carácter, molestaba al público porque no coincidía con el próspero siglo que vivía Italia en el contexto histórico de su unificación.

Igual que en su anterior film de época Noi credevamo (2010), el cineasta napolitano también redescubre el pasado de su país en el momento de la unión territorial con su nueva película, aunque en esta ocasión recupera el mito de una de los autores esenciales de la Literatura Universal. Para llevar a la gran pantalla la vida de Giacomo Leopardi, Mario Martone e Ippolita di Majo basaron el guión del film en el epistolario del poeta y filósofo de Recanati, a excepción de una única parte ficcionada en la que se representa un pasaje de una pieza teatral de Leo Moscato. En dicha escena Leopardi visita un burdel de Nápoles, lugar donde conoce a un hermafrodita que le ofrece su cuerpo y afecto a cambio de dinero. Como apuntó el Elio Germano en el coloquio tras la proyección de Il giovane favoloso en el certamen barcelonés, la citada escena felliniana ha sido la más censurada dado que escapa de la voluntad testimonial del mismo biopic. Sin embargo en ella se resumen dos ideas simbólicas del largometraje: la enajenación en la que Leopardi permanecía constantemente, un éxtasis frenético que en Nápoles pudo desatar sin tapujos, y la analogía entre el cuerpo deformado del ilustrado y la imperfección corporal del hermafrodita, es decir, dos seres que pese a su monstruosidad deseaban amar.
En este sentido, e incluyendo el episodio del hermafrodita, Il giovane favoloso nunca pierde su poso hagiográfico. La película de Mario Martone exhibe el viacrucis de uno de los iconos del Romanticismo tomando tres momentos clave de la biografía del genio: su aprisionamiento existencial en su ciudad natal de Recanati, su estancia en Florencia diez años después y sus últimos días en Nápoles antes de su fallecimiento. De este modo, Martone no propone un ambicioso proyecto que abarque toda la vida del poeta más admirado en Italia desde Dante. El realizador únicamente selecciona las tres etapas citadas para centrarse en los acontecimientos más relevantes de su vida y la pertinente creación de su obra. En este último aspecto es necesario señalar la fantástica recitación de Elio Germano de tres famosos poemas de Leopardi que Martone añade en el film: “Dialogo della Natura e di un Islandese”, “L’infinito” y “La ginestra o il fiore del deserto”. Por otro lado, puede que Il giovane favoloso sea un largometraje poco atrevido por su estática escenografía. No obstante, Martone se arriesga y aniquila el clasicismo de su puesta en escena introduciendo dos elementos que no pertenecen al género del biopic histórico: la recreación del mundo fantasioso en el que se refugiaba el teórico mediante la proyección de las alucinaciones visuales que éste padecía, y una banda sonora que oscila entre las composiciones de Rossini y música electrónica con letras cantadas en inglés. Il giovane favoloso es una road movie protagonizada por un joven enfermo obsesionado con la muerte. Es la historia de un talentoso y afligido artista que se embarca en un viaje por toda Italia sin saber que tan sólo está huyendo de sí mismo. Il giovane favoloso es la ocasión perfecta para adentrarse en los infiernos de Giacomo Leopardi, rememorando su obra y su historia.
Carlota Moseguí
https://www.elantepenultimomohicano.com/2015/01/critica-il-giovane-favoloso.html

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