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viernes, 18 de junio de 2021

I lunghi capelli della morte - Antonio Margheriti (1964)

TÍTULO ORIGINAL
I lunghi capelli della morte
AÑO
1964
IDIOMA
Italiano e Inglés (Opcionales)
SUBTÍTULOS
Español (Separados)
DURACIÓN
96 min.
PAÍS
Italia
DIRECCIÓN
Antonio Margheriti
GUIÓN
Antonio Margheriti, Tonino Valerii. Historia: Ernesto Gastaldi
MÚSICA
Carlo Rustichelli
FOTOGRAFÍA
Riccardo Pallottini (B&W)
REPARTO
Barbara Steele, Giorgio Ardisson, Ella Karin, Umberto Raho, Laura Nucci, Giuliano Raffaelli, Nello Pazzafini, Jeffrey Darcey
PRODUCTORA
Cinegai S.p.A
GÉNERO
Terror | Siglo XV. Edad Media. Sobrenatural

Sinopsis
Una mujer inocente es condenada a la hoguera por brujería. Helen, su hija mayor, intenta conseguir el perdón del Conde Humboldt satisfaciendo la lujuria de este; sin embargo ello no evita que Kurt, el hijo del conde, lleve a cabo el castigo. La furiosa Helen fallece a manos del Conde tras amenazarle con hacer público su pecado. Años más tarde Kurt se desposa con Elisabeth, la hija menor de la mujer ejecutada, quien siente un tremendo odio hacia su marido. Al poco de la boda llega al castillo una mujer sorprendentemente parecida a la fallecida Helen; como la región está asolada por la peste, Kurt la insta a permanecer en el castillo como su invitada. (FILMAFFINITY)
 
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Pese a no poder considerarme ni un experto, ni tampoco un fervoroso seguidor de su corriente, creo que la grandeza –o brillantez, si se quiere formular una apreciación más cercana a mis verdaderas opiniones- de la denominada “escuela italiana del terror”, se centró en un periodo muy concreto, y especialmente rico de una de las grandes cinematografías mundiales. En un marco en el que nombres como Visconti, Fellini, Antonioni, Zurlini, Rosi y otros menos apreciados en su momento como Zampa, Monicelli, Pietrangeli y tantos y tantos nombres, forjaban un corpus creativo de inolvidable referencia, hubo un lugar especial para, adptando algunos elementos –decadentismo, ambientación de época- imanentes en la obra de algunos de los realizadores citados, tuvieron como consecuencia la presencia de una especialización dentro del género de terror. Algo que, de forma sorprendente, tenía unos vasos comunicantes con la aportación del género existente en Inglaterra y Estados Unidos, formulando una extraña y en muchas ocasiones valiosa interdependencia, bastante facil de detectar, pero que quizá en alguna ocasión convendría analizar de forma más rotunda, ya que en más de un caso nos llevaríamos alguna sorpresa a la hora de adjudicar algún referente.

Dentro de esta corriente, nadie duda que si existe un título de referencia en la corriente del cine de terror italiano, esta es LA MASCHERA DEL DEMONIO (La máscara del demonio, 1960. Mario Bava), y el paso de los años ha entronizado la figura del propio Bava como principal baluarte de dicha corriente. No quiero parecer un falso provocador, en la medida que aún me restan títulos de cierto reconocimiento en la obra de dicho cineasta para ratificarme en mis postulados, pero aunque sea a nivel de muestreo, y aún reconociendo ese lugar de privilegio al título antes citado, quizá uno se decantaría antes en preferir la aportación de Riccardo Freda dentro de dicho marco genérico. Pero hay más, finalmente, y aunque haya excepciones destacadas que puedan desmontar este enunciado –el caso de la espléndida L’ORRIBLE SEGRETO DEL DR. HICHCOCK (1962)-, llego a la conclusión que el conjunto más valioso aportado por el cine de terror italiano se centra en un contexto temporal concreto –el encuadrado entre 1960 y 1964-, delimitado además por un look visual de inolvidable blanco y negro. Llegados a este punto, es cuando unido a la referencia de Bava y a la, a mi juicio, preminencia de Freda, cabría unir la aportación que en aquel marco temporal brindó el olvidado cineasta romano Antonio Margheriti (1930 – 2002). Un hombre de dilatada filmografía –cercana a los sesenta títulos-, al cual quizá en una valoración conjunta de su obra nos permitiría ligar a mucho cine olvidable. Sin embargo, en este espacio temporal creo que su aportación al cine de terror en Italia quizá no ha sido aún valorada en la medida que merece, ya que sin llegar a aportar ninguna cumbre absoluta no es menos cierto que varios de los títulos que firmó en estos años, han de ser incluidos de forma forzosa en cualquier antología que se realice al respecto -a mi juicio superando algunas aportaciones sobrevaloradas de Bava-.

Recuerdo, sobre este particular, como mi siempre estimado José María Latorre hacía unas observaciones poco halagüeñas hacia estas obras de Margheriti –Anthony Dawson con su seudónimo americanizado- en su por otra parte excelente libro “El cine fantástico” (1987). Citaba en su referencia a sus títulos, que este apostaba más por el interés de determinadas secuencias que por la coherencia del conjunto. Creo con sinceridad que son opiniones de las que el propio Latorre se desmarcaría un par de décadas después, ya que estimo que el paso de los años ha dejado entrever la fuerza y contundencia con la que emergen títulos como DANZA MACABRA –que comenté hace no demasiado tiempo- o I LUNGHI CAPELLI DELLA MORTE –ambos de 1964 y, como el título anteriormente citado, nunca estrenados comercialmente en nuestro país- y que, junto a la previa LA VERGINE DI NORIMBERGA (El justiciero rojo, 1963), aparecen como la trilogía más valiosa del cine de su artífice, y por la cual su obra mantiene un cierto reconocimiento. Ciñéndonos en concreto a I LUNGHI CAPELLI... conviene partir de una base en modo alguno reprobable; el hecho de suponer una propuesta que aprovecha éxitos pasados recientes del género, algo que era común tanto en las producciones de Hammer Films –incluso propiciando obras maestras- o en Estados Unidos con el hoy día tan –a mi juicio injustamente- menospreciado ciclo de Roger Corman con adaptaciones libres de Allan Poe. Es decir, cualquier aficionado más o menos avezado que contemple el film de Margheriti, detectará referencias tanto a la citada LA MASCHERA... como a THE PIT AND THE PENDULUM (El péndulo de la muerte, 1961. Roger Corman). Nada había de malo en ello, aunque de alguna manera abone mi teoría de un conjunto de temas – técnicos – intérpretes – atmósferas – ámbitos temporales, que propiciaron lo mejor del cine de terror italiano, antes quizá que destacar aportaciones concretas, que cuando se derivaron de dichas coordenadas, perdieron buena parte de su eficacia.


Nos encontramos en un condado de la Francia medieval en las últimas décadas del siglo XV. En el seno del castillo de los Karnstein se va a condenar a una inocente por brujería y, pretendidamente, haber propiciado la muerte de uno de los representantes de dicha familia. La hija de la acusada –Helen Karnstein (Barbara Steele)- a quien nadie relaciona en dicho parentesco, posee pruebas de su inocencia –centradas sobre todo en saber quien fue el culpable de dicho crimen-, pidiendo para ello la intercesión del hermano del fallecido, el Conde Humboldt  (Giulliano Raffaelli). El noble sucumbirá a la sexualidad que emana de esta, impidiendo ello que pueda interceder para salvar a la condenada, que perecerá entre las llamas de manera injusta, no sin pronunciar una terrible maldición de tintes apocalípticos, sumando esta trágica situación la muerte accidental de Helen, a quien se enterrará junto a las cenizas de su madre, siendo depositados los restos de ambas en una falsa tumba que conocerá la hermana pequeña de esta –a quien se encargará de cuidar la ama de llaves de la mansión: Grumalda (Laura Nucci)-. Han pasado los años, y la pequeña hija de la condenada se ha convertido en una hermosa joven –Elizabeth Karnstein (Halina Zalewska)-, quien pretenderá el joven hijo de Humboldt, el cruel y despiadado Kurt –George Ardisson-. Este fue en realidad quien mató al hermano de su padre, y no dudará en prolongar su desmedida crueldad provocando el mal a su paso, y decidiendo casarse con Elizabeth pese a que en ningún momento la haya amado, con el solo propósito de poseerla. Al mismo tiempo, con el final del siglo una cruel epidemia de peste parecerá cumplir la maldición que la madre de las Karnstein pronunció instantes antes de morir. La situación se tornará insostenible, con terribles consecuencias en la población, aunque por fortuna e “in extremis” una venturosa tormenta disipe la contundencia de la enfermedad... y con ella llegue realmente el horror al castillo de los Humboldt. Lo hará con la vuelta a la vida de Helen, quien será recibida en el interior de la mansión, provocando con ello el afloramiento de los peores instintos de Kurt, quien no dudará en sentirse atraído por la recién llegada sin mostrar el más mínimo respeto hacia su esposa.

A tenor de lo comentado, I LUNGHI CAPELLI... recorre diversos lugares ya frecuentados en el cine de terror de aquellos años. Incluso uno se atreve a referenciar ecos de la norteamericana THE HAUNTED PALACE (1963, Roger Corman), mientras que mantiene no pocos concomitancias con otra de las obras de Corman de aquellos años, supongo que rodada paralelamente –me refiero a THE MASQUE OF THE RED DEATH (La máscara de la muerte roja, 1964)-. Además de estas puntualizaciones, no sería justo dejar de omitir ciertas debilidades de guión que empobrecen un poco el cómputo de logros de la película. Uno de ellos, y no el menos evidente, sería la ligereza en la introducción de la figura de la resucitada Helen, a la que sin fundamento se acoge con tanta ligereza en el entorno de la mansión de los Humboldt. Pero si logramos dejar en un segundo término dichos inconvenientes, el film de Margheriti proporciona no pocas satisfacciones. Satisfacciones que van desde la decadencia e incluso pútrida suciedad con la que se muestra la sociedad feudal de la época, aunando en dicha visión la física y no menos sucia visión de esa sexualidad deseada por el terrible Kurt, quien en su búsqueda por un hedonismo de índole satánica, no dudará no solo en ser infiel a su esposa, sino además en introducir una relación triangular que –aunque él lo desconozca- se caracterizará por un terrible tinte necrófilo e incestuoso. Pero con todo ello, si algo destaca, y de manera prominente, en el metraje de I LUNGHI CAPELLI... es la excepcional capacidad demostrada por Margheriti –bien ayudado por su director de fotografía Riccardo Pallottini- para ofrecer el conjunto de sus imágenes como un auténtico ballet de sensaciones mórbidas y mortuorias. El film de Margheriti es pura atmósfera, intercalando en sus imágenes elementos argumentales y secuencias que inciden en los más insondables abismos del horror –el instante en el que el viejo conde acude a contemplar el cadáver putrefacto de su hermano, que poco a poco va cobrando vida; el momento atronador en el que un rayo permite que la tumba en la que se encontraba el cuerpo de Helen quede al descubierto y pueda retornar a la vida-. Todo ello irá conformando una espiral  en la que tendrán una decisiva importancia la escenografía puesta a punto –basada en una cuidada ambientación de carácter medieval-, la fuerza y dramatización de la iluminación aportada, o la presencia de criptas, angostas escaleras, y pasadizos. Todos ellos se erigirán como siniestros augurios y consecuencias de la degradación existente en torno a la figura de Kurt –sin duda uno de los personajes más siniestros y amorales diseñados en el cine italiano de la década de los sesenta-, quien finalmente tendrá que rendir cuentas de sus innumerables desmanes, crueldades e incluso de sus desafíos contra las leyes de lo racional. Es por ello que I LUNGHI CAPELLI... culminará de manera atroz, sufriendo el arrogante y bello noble la peor muerte posible, siendo encerrado y amordazado con hierros en el interior de una figura confeccionada con maderas y cabello de los lugareños, que va a ser quemada como ofrecimiento a Dios por haberles librado de la peste. Una vez más, el film de Margheriti parece suponer un referente de un título rodado varios años después; THE WICKER MAN (1973, Robin Hardy).

En definitiva, puede que el título que comentamos no sea una obra cumbre del género, pero es innegable destacarlo como un punto de referencia válido de ese buen nivel que la mayor parte de las muestras del género demostraron en esta primera mitad de la década de los sesenta. Justo es, que junto al nombre de Bava y el de Freda, se inserte en dicha galería de nombres destacados la del posteriormente tan irregular Antonio Margheriti.
http://thecinema.blogia.com/2010/022601-i-lunghi-capelli-della-morte-1964-antonio-margheriti-.php

 

Hace unos días comentaba en estas páginas Danza Macabra una de las obras emblemáticas de Antonio Margheriti, pero desde luego no la única; el cine de este realizador es único en su concepción del espacio, de la planificación, del encuadre maestro, de la exploración del alma humana a través de sus debilidades, anhelos y miedos; es en definitiva un cine para disfrutar del horror en mayúsculas cargado de penumbras góticas y malsanas, pero excitantes, pulsiones sexuales. I Lunghi capelli della morte forma parte junto al El Justiciero Rojo (La Vergine di Norimberga, 1963) y la película mencionada unas líneas atrás, una especie de tríptico donde los elementos para definir y mostrar el terror se podrían definir clásicos en sí mismos; un imaginario lleno de castillos, presencias sobrenaturales, remordimientos, venganzas, asesinatos, odio y una muy ajustada amoralidad de tono marcadamente libidinoso. Estos elementos pueden parecer actualmente manidos y completamente superados, pero es indudable que en su momento hicieron toda una revolución dentro del cine de terror, propiciando una corriente o género que la industria del entretenimiento explotó hasta la saciedad con el beneplácito del público, ávido de sensaciones terroríficas. El film que hoy nos ocupa es una muestra más del marcado y personal carácter de Margheriti; rodada en un soberbio blanco y negro y localizada casi en su totalidad en las dependencias de un  gran castillo, el realizador nos propone un macabro viaje de una elegancia fílmica y agilidad en su desarrollo verdaderamente digna de elogio, alcanzando momentos o secuencias hermosas y delicadas que no obstante exhalan un aire insano realmente perturbador.I Lunghi Capelli della Morte / La Larga Cabellera de la Muerte (1964)El argumento, muy cercano a la maravillosa La Máscara del Demonio de Bava, plantea una historia mil veces utilizada en el cine gótico: la historia de una mujer traicionada, despechada y finalmente asesinada que vuelve de la tumba para cobrar debida venganza. No es original pero no le hace falta, la película plantea en sí misma muchas virtudes que no se destilan de su argumento, más bien explota esa situación intensificando la atmósfera y jugando constantemente con lo 'real' y lo 'irreal' en un perverso universo cerrado en sí mismo. La película se inicia con la quema de una supuesta bruja en la hoguera, la mujer proclama su inocencia hasta que las primeras llamas lamen su cuerpo, en ese momento una maldición vociferada a pleno pulmón sale de su garganta, dándonos una primera aproximación de la sugestión que pretende conseguir el director, ¿es una bruja o no lo es? esa pregunta queda sin respuesta pero abre la puerta al juego de la ilusión mencionado anteriormente. La inclusión del fuego como elemento purificador no es gratuito (el film finaliza con otro ritual purificador en medio de las llamas), así mismo la poderosa iconografía utilizada durante todo el metraje y  las hermosas secuencias oníricas utilizadas para reforzar momentos puntuales de la acción dan fe de la creatividad y la fina labor de orfebrería cinematográfica que estos artesanos realizaban.  I Lunghi Capelli della Morte / La Larga Cabellera de la Muerte (1964)En las labores actorales hay que mencionar, cómo no, a Barbara Steele que vuelve a realizar otro de esos papeles (magnéticos / carismáticos) que la elevaron a los altares de las primeras damas del terror gótico;  su papel como Helen Karnstein evoca sin ambages la dualidad de la mujer como 'femme fatale' al uso. Excitante y carnal en un principio, estos atributos, sin embargo, la condenan a ser asesinada para posteriormente re-encarnarse en busca de venganza y redención, un alma en pena que como en su vida 'real' utilizará sus encantos para crear un laberíntico entramado donde el hombre (en un principio, la amenaza) se convierte en un pequeño e insignificante ser manipulable y condenado de antemano. Acompañando a la actriz tenemos a una encantadora y bastante misteriosa Halina Zalewska que interpreta Elizabeth Karnstein, a George Ardisson quizás lo peor del film (por su interpretación teatral y sobreactuada) y a los inconmensurables Giulanio Raffaelli y Nello Pazzafini impresionantes en sus respectivos (pero casi testimoniales) papeles. Es justo mencionar que la película tiene lagunas en su continuidad y los diálogos presentan una tendencia a la reiteración a veces tediosa y anti-climática, pero por lo menos para mí estos defectos son sólo un grano en una inmensa playa de aciertos. I Lunghi capelli della morte es una nada desdeñable muestra del gótico italiano, donde aparte de los elementos comunes en ese género, encontramos grandes hallazgos visuales y estilísticos que harán las delicias de cualquier aficionado al género.
Bueno amigos/as de El Terror Tiene Forma, por hoy ya está bien, saludos!!!.  
https://es.paperblog.com/i-lunghi-capelli-della-morte-la-larga-cabellera-de-la-muerte-1964-1386045/


Classico film del filone del gotico italiano, e terza incursione in quel genere del Maestro Anthony Dawson ovvero Antonio Margheriti, I lunghi capelli della morte è un concentrato degli archetipi del genere: il castello spettrale con i suoi sotterranei e le sue cripte, la stregoneria, le maledizioni, con la conturbante presenza della stella e musa di quel cinema, Barbara Steele. Margheriti confeziona il tutto con un magistrale bianco e nero, guardando alla Hammer e a Corman, a Clouzot e a Hitchcock, ma anche a Shakespeare.

Le due donne che vissero due volte
Un’atmosfera millenarista, il cambio di un secolo, la fine del Medioevo, la caccia alle streghe, la peste e l’apocalisse, con tanto di, bergmaniano, settimo sigillo dall’Apocalisse di Giovanni. Questa la cornice di I lunghi capelli della morte del Maestro Antonio Margheriti, firmato con il suo pseudonimo anglosassone Anthony Dawson (qui senza la M puntata) e con una crew di nomi equivalenti nei titoli di coda. Per il regista, che ha attraversato praticamente tutti i generi del cinema, si tratta della terza incursione nell’horror gotico, dopo La vergine di Norimberga e Danza macabra, il filone italiano che nasce con I vampiri di Riccardo Freda e La maschera del demonio di Mario Bava.

La via italiana al genere dei popolari film della Hammer o di Corman, prevede tutti i loro elementi archetipici, il castello macabro con tutti gli arredi del caso come le armature, con i sotterranei e con le cripte che contengono sarcofagi di pietra con cadaveri a vari stadi di decomposizione, che potrebbero anche ritornare in vita. E poi il fantasma che cerca vendetta, le streghe con le loro maledizioni o profezie nefaste. Tutto confezionato da Margheriti/Dawson, con il direttore della fotografia Richard Thierry, al secolo Riccardo Pallottini, in un magnifico bianco e nero che dà respiro a un’ampia varietà di grigi. La via italiana del gotico che divergeva dai technicolor ipercromatici della Hammer e di Corman. E in cima a tutto la presenza della star indiscussa del genere, Barbara Steele, con tutto il suo conturbante fascino in un film che si gioca anche sulla voluttuosità e sulla morbosità delle situazioni.

I lunghi capelli della morte nasce da uno script di Ernesto Gastaldi, come Julian Berry, e Tonino Valerii, come Robert Bohr, con il progetto che fosse diretto dal secondo che però, all’epoca, non aveva ancora esperienza di regia e fu così chiamato Margheriti. I lunghi capelli della morte non si può liquidare con la semplice bella confezione o l’elenco di elementi derivativi. Colpisce infatti la maestria di Margheriti nel trattare, centellinandolo, l’elemento fantastico, costruendo quasi un opera teorica in tal senso, nel mantenersi su un filo sottile di inquietante ambiguità. Fino a metà film non abbiamo la certezza di trovarci di fronte a una situazione fantastica, questa viene solo suggerita, sussurrata. Certo si è rivelata la profezia della strega e la peste sta martoriando quel villaggio, come nella maledizione della donna nei suoi ultimi strali prima di essere arsa nel rogo. Ma potrebbe essere una pura coincidenza. E quando il conte Humboldt scoperchia il feretro del fratello Franz, e il suo cadavere scheletrico si muove, si scopre che si è trattato solo un’illusione creata dai topi che albergano al suo interno. L’elemento fantastico è qui smorzato, rinviato, e può essere derubricato a quello che Cvetan Todorov definiva il fantastico strano, ovvero quella condizione narrativa in cui gli elementi presentati come sovrannaturali hanno invece una spiegazione razionale.

Il punto di svolta si ha verso metà film, quando un fulmine colpisce la bara dove giace sepolta Helen, e le sue spoglie scheletriche appaiono come rimpolparsi di carne. Helen riappare a corte qualificandosi come un’altra donna di nome Mary, in realtà più un fantasma visto che alla fine se ne ritroverà il cadavere marcescente. Se non ci fosse quella scena del fulmine, rimarrebbe ancora un’ambiguità sull’effettiva natura trascendente della riapparizione della donna morta, anche per la pregressa storia di un classico come La donna che visse due volte, film che pure si risolve nel fantastico strano, visto che il ritorno di Madeleine nei panni di Judy si rivela alla fine quale una messa in scena. La Helen di Margheriti era pure morta buttata da un dirupo in un fiume, un po’ come la Madeleine hitchcockiana era caduta, prima nella baia e poi dal campanile. Margheriti mette in scena così il doppio, raddoppiandolo, creando una seconda donna che visse due volte nella sorella Lisabeth che pure viene uccisa, sempre da Kurt, e pure riappare come fantasma.

Ancora Margheriti gioca con l’ambiguità sul fantastico: non vediamo inizialmente il presunto fantasma di Lisabeth che sappiamo essere stata uccisa, la sua esistenza in vita viene riferita da altri. Lo stesso Kurt pensa che sia una macchinazione ai suoi danni da parte del prete di corte Von Klage, e una battuta di quest’ultimo può far credere a questa ipotesi. Nella rivelazione finale, delle due donne che vissero due volte, solo una si scopre davvero quale un fantasma, Helen/Mary, mentre il ritorno in vita di Lisabeth è spiegato con un trucco, con uno scambio di cadavere. Margheriti sa usare al contempo il fantastico strano e il fantastico meraviglioso di Todorov, combinando i temi del doppio e del fantastico. E usa una struttura narrativa fatta di doppi e di ritorni, come il sarcofago di pietra con il cadavere, o il rogo con cui si apre e chiude il film.

Oltre a Hitchcock tutta la struttura della sospensione ambigua dell’omicidio avvenuto o meno, del ribaltamento e della macchinazione, è una variante di quella di I diabolici di Henri-Georges Clouzot, opera peraltro con un gioco raffinatissimo sul fantastico, che confluisce nel fantastico strano ma solo apparentemente. Gli intrighi di corte, e le passioni, di I lunghi capelli della morte hanno qualcosa di shakespeariano. Kurt sembra un Macbeth che non esita ad assassinare chiunque possa intralciare le sue ambizioni dinastiche, di ricchezza e i suoi appetiti sessuali. Un Macbeth che solo in un secondo tempo è affiancato da una Lady Macbeth, nella figura di Mary, che lo sobilla e incita nei suoi disegni criminosi. Come nel testo del Bardo ci sono streghe e profezie, e shakespeariano è anche il pathos con cui seguiamo il malvagio quando si avvicina la sua fine e diventa nevrotico, tutto sta crollando attorno a lui che aveva tanto intrigato per il potere.

Ma seguiamo il villain, e la coppia diabolica, ancora con un meccanismo tipicamente hitchcockiano, quello di stare dietro al colpevole e vedere il tutto dal suo punto di vista, creando suspense per lui. Così è tutta la parte in cui Kurt e Mary uccidono Lisabeth e ne occultano il cadavere nel sarcofago (che ancora ci porta all’Hitchcock di Nodo alla gola), rischiando di essere scoperti da Von Klage e di non riuscire a uscire dalla cripta nei vari tentativi di recuperare la chiave nella nicchia, secondo uno schema di imprevisti tipici hitchcockiani.

C’è poi tutto l’aspetto femminile di I lunghi capelli della morte, il tema dello sfruttamento della donna. La strega, posto che fosse davvero tale, non era colpevole, ma un capro espiatorio per celare il vero assassino. Il conte Humboldt, che pure è una figura positiva, o meno negativa, che si rivela compassionevole, non esita a pretendere favori sessuali a Helen in cambio della salvezza di sua madre, peraltro ingannandola, inducendo in una meschinità maschile intrinseca. E quando Kurt sposa Lisabeth e la possiede la prima notte, lei gli dice di aver avuto solo il suo corpo. L’incongruenza in questa lettura è la gelosia che successivamente la moglie mostra per l’amante Mary, come se si fosse col tempo affezionata a un marito imposto, ma potrebbe far parte della messa in scena che stanno ordendo contro di lui. E alla fine la sconfitta del malvagio Kurt è una sconfitta del maschio da parte di due donne. Il soggetto che vede il marito cercare di sbarazzarsi della moglie, uccidendola per poter avere via libera con l’amante, appartiene a una sensibilità femminista che il cinema italiano esprimeva in quegli anni in opere come Divorzio all’italiana di Germi, come nota Roberto Curti nel suo saggio Italian Gothic Horror Films.

Il gotico horror all’italiana, all’uscita di I lunghi capelli della morte è al suo apice ma si avvicina anche il suo declino con il canto del cigno che si fa risalire a Un angelo per Satana, del 1966, di Camillo Mastrocinque. Margheriti però, come Bava, ci ritornerà ancora nella sua carriera, con opere quali Contronatura, Nella stretta morsa del ragno, remake di Danza macabra, La morte negli occhi del gatto, anche con ibridazioni con altri generi come il western con E Dio disse a Caino…, fino al suo coinvolgimento nelle operazioni pop warholiane di Dracula cerca sangue di vergine e… morì di sete!!! e Il mostro è in tavola… barone Frankenstein.
Giampiero Raganelli
https://quinlan.it/2020/04/01/i-lunghi-capelli-della-morte/


 

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