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jueves, 1 de marzo de 2012

Il disco volante - Tinto Brass (1964)


TÍTULO ORIGINAL Il disco volante
AÑO 1964
IDIOMA Italiano
SUBTITULOS Español (Separados) 
DURACIÓN 94 min. 
DIRECTOR Tinto Brass
GUIÓN Rodolfo Sonego
MÚSICA Piero Piccioni
FOTOGRAFÍA Bruno Barcarol (B&W)
REPARTO Alberto Sordi, Silvana Mangano, Monica Vitti, Gianluigi Crescenzi, Graziella Polesinanti, Alberto Fogliani
PRODUCTORA Dino de Laurentiis Cinematografica
GÉNERO Comedia. Ciencia ficción | Extraterrestres
 
SINOPSIS En una población del Véneto son cada vez más frecuentes los hallazgos relacionados con la supuesta llegada de marcianos a la zona. La insistente oleada de rumores hace que hasta el lugar se desplace un equipo de televisión para recabar la opinión de los ciudadanos sobre estos hechos. Toda esta publicidad acabará provocando que el sargento local de los carabinieri sea encargado de abrir una investigación policial sobre el caso. (FILMAFFINITY)

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De una forma indeleble, el nombre de Tinto Brass está asociado en el inconsciente colectivo con el cine erótico. Pero antes de convertirse en uno de los autores de referencia dentro de este estilo, Brass fue considerado como una de las más firmes promesas del cine italiano. Quizás el ejemplo más significativo a este respecto sea Il disco volante (1964), film señalado de forma errónea por ciertas fuentes como la primera película trasalpina de ciencia ficción. Proyectada desde un principio a partir de unos fuertes posicionamientos comerciales, para su realización se barajaron cineastas del prestigio de Michelangelo Antonioni o Mario Moniceli. Sería su productor, el mítico Dino de Laurentiis, quien decidiría apostar por el entonces joven Brass con la idea de que dicho film fuera el de su confirmación tras las buenas maneras apuntadas en sus trabajos anteriores. Para tal fin, le proveyó de un reparto espectacular para la época, encabezado por un inconmensurable Alberto Sordi junto a varias sex symbol del calibre de Silvana Mangano[1], Eleonora Rossi Drago o Monica Vitti, en el que sería el primer papel importante de su carrera[2].
Escrito por Rodolfo Sonego, colaborador habitual de Sordi, el guion de la película aprovecha la estructura típica de la comedia de enredos trasalpina para efectuar una sátira costumbrista acerca de la sociedad provinciana que se daba en la Italia de la época; crítica, por otra parte, fácilmente extrapolable a otros países de su entorno como, sin ir más lejos, España. Tomando como base el aterrizaje de un platillo volante marciano en los alrededores de una recóndita población del Véneto, la cinta cuestiona las relaciones de poder que se daban en aquella sociedad por medio de los cuatro roles a los que da vida Sordi – un telegrafista con ínfulas intelectuales, quien a su vez es el amante de la mujer del alcalde; un gris sargento de carabinieri obsesionado por cumplir con su trabajo; un sacerdote aficionado a la bebida; un aristócrata homosexual y epiléptico-, con cuyos rasgos son caricaturizados los vicios y defectos de los principales poderes fácticos: cultura, estado, Iglesia y aristocracia.


De este modo, la mencionada llegada de los alienígenas supondrá el detonante que esté a punto de resquebrajar el status quo existente. Para impedirlo, el Poder no dudará en emplear todos los medios a su alcance. Así, su elevada posición social no librará a los cuatro personajes interpretados por Sordi de ser recluidos en un hospital psiquiátrico por sus respectivos superiores, como medida para desacreditar sus declaraciones tras haber sido testigos de la presencia marciana en la zona. Peor parado acabará, no obstante, el restante estrato social en discordia, el proletariado, representado a través de la campesina más humilde del pueblo. Imitando las conductas vistas a las clases dirigentes, la labriega capturará a un marciano con la intención de que su explotación le sirva para alcanzar la vida de lujos y riquezas que siempre ha deseado para ella y los suyos. Y lo cierto es que en un primer momento lo conseguirá mediante la venta de su rehén al hijo de la condesa, quien a cambio le entregará una limusina, joyas y abrigos de visón. Sin embargo, una vez que la condesa tenga conocimiento de lo sucedido, matará al extraterrestre y esconderá su cuerpo en el interior de un pozo para, acto seguido, denunciar a la mujer por ladrona, evitando así que el orden social establecido pueda ser alterado[3].
Todo este discurso argumental es también potenciado desde la puesta en escena pergeñada por Brass, en la que la influencia de los postulados promovidos tanto por el viejo neorrealismo como por la nouvelle vague francesa resultan de lo más evidente. Para dar mayor verismo a la propuesta, en su rodaje intervinieron auténticos habitantes de la región del Véneto en la que se desarrolla la historia, en tanto que la realización de algunas de sus secuencias se desarrolló dentro de un contexto real. En este sentido, resulta especialmente significativo el que la película se inicie como si de un noticiario se tratara, lo que puede fácilmente interpretarse como una clara alusión por parte de su director al carácter de realidad ficcionada de la trama que se nos cuenta. Pero si bien en principio tal decisión resulta un acierto, la perpetuación total de este estilo a lo largo del metraje termina por provocar que el acabado formal del producto se antoje desmañado y chapucero. A ello también contribuye un calamitoso montaje que acentúa aún más los problemas de una narración ya de por si inconexa. Tan solo el interés que ofrece su aludido discurso y el excepcional despliegue interpretativo de un Sordi en estado de gracia consiguen maquillar todo este cúmulo de defectos.
Pero a pesar de lo alejado que, en un principio, pudiera parecer el contenido de esta Il disco volante del cine por el que es conocido su director, es curioso constatar hasta que punto se dan cita en su interior varios elementos que con el tiempo se convertirían en característicos de la filmografía del italiano. Por ejemplo, su ataque frontal contra la hipocresía mental de ciertos sectores de la población no se difiere en demasía al que llevaría a cabo en sus posteriores y más famosas películas. Por otra parte, a lo largo del metraje Brass da buena cuenta de su tendencia hacia el erotismo en detalles tales como el grafismo de su puesta en escena, con esos trajes espaciales que dejan ver los pechos de las extraterrestres, o las prácticas sexuales evocadas por aquella secuencia en la que el sargento de caribinieri espía a través de una ventana cómo el hijo de la condesa baila embelesado con su marciano recién adquirido. Una escena que, dicho sea de paso, prefigura en cierto modo la posterior evolución del responsable de títulos como Calígula o Salon Kitty.
José Luis Salvador Estébenez

[1] Tanto Sordi como la Mangano ya habían sido dirigidos por Brass meses antes en varios segmentos del film de sketches Mi señora (La mia signora, 1964), cuya producción también corría a cargo de De Laurentiis.
[2] A este ramillete de actrices también habría que añadírsele el nombre de Erika Blanc, quien haría su debut en la gran pantalla en esta película como figurante.
[3] Con esta acción la mujer repetirá la acción cometida años antes cuando, en plena Segunda guerra mundial, diera asilo a un grupo de partisanos a los que envenenó, para después arrojar sus cadáveres al mismo pozo al que irá a parar el cuerpo sin vida del marciano.
http://cerebrin.wordpress.com/2010/12/01/il-disco-volante/

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